lunes, 15 de junio de 2020

Lo que somos las maestras, las familias y la Educación Infantil a distancia

Nos llamó el abuelo. Al día siguiente venía a desayunar y nos traería churros y porras para todos. Me pidió que le mandase por WhatsApp cuántos íbamos a querer en total. ¡Perfecto! Ya teníamos los “deberes” de hoy: reales, conectados, globales, divertidos, extrapolables, repetibles, adaptables a dos edades distintas, … Se lo conté a Inés y Pablo, de 2 y 5 años, y decidimos ir apuntando en la pizarra lo que quería cada uno. Se pusieron en juego lectoescritura de letras y números, conteo, representación e interpretación de datos, cálculo, y más aprendizajes deseables en Educación Infantil.

Mi pasión dentro de esta etapa es “rescatar” de la vida del aula este tipo de situaciones o problemas cotidianos para convertirlos en MARAVILLOSAS oportunidades de aprendizaje. Que son las mejores, porque les enganchan al conectar con su entorno más próximo, son reales, proporcionan capacidades para la vida misma, ponen en juego varios contenidos del currículum, se adaptan a todos los alumnos de forma natural, y suele ser la propia situación o problema los que devuelvan a los niños/as los resultados de su trabajo. En nuestro caso, si no anotamos y calculamos bien los churros y las porras, o no habrá suficientes o sobrarán. Y este tipo de validación aumenta mucho las posibilidades de que haya un verdadero aprendizaje, además de dar a los niños mucha autonomía y motivación.

Para llevar a cabo este tipo de propuestas se necesita una mirada entrenada, que sepa ver dónde hay una de estas oportunidades de aprendizaje en el día a día, que la module y guíe para hacerla apropiada a sus alumnos/as y a los contenidos que desea trabajar, que acompañe el proceso de una forma pedagógica y emocionalmente positiva (y muy importante aquí la decisión de resaltar o no errores y cómo hacerlo), que respete, dando tiempo, esa validación por parte de la propia situación y con ella, concluya el proceso o lo enlace con otro. Vamos, lo que nos hace maestras.


Vamos a investigar sobre animales. Cada alumno elige el animal que quiere y lo apunta para que así nos aseguremos de que no se repiten. Podremos mirar nuestra lista para escribir una nota a nuestras familias y que nos ayuden.

Pero, en nuestras aulas, hay otros dos tipos de propuestas, ya que no siempre podemos o queremos aprovechar la vida diaria. Unas, son las que diseñamos de forma artificial pero que han de tener las mismas características que las anteriores. Y, por tanto, requieren un enorme trabajo de ingeniería didáctica. A cambio, obtenemos casi tanto y tan buen aprendizaje como en las que surgen del día a día.


Tenemos que alimentar a estos camaleones. Cada uno puede comer un solo grillo y ninguno puede quedar sin comer. Abre las cajas sólo cuando creas que has terminado para ver si los has alimentado bien.

Y un tercer tipo, las que nos vienen diseñadas por otros para que puedan aplicarse en cualquier contexto y casi por cualquier persona (aunque no con el mismo resultado si es maestra que si no lo es): materiales de editoriales, fichas en papel o interactivas, actividades manipulativas que sólo adquieren sentido en la ficha que se hará después, etc. Suelen ser mecánicas o repetitivas, alejadas del contexto del niño y del momento presente, cerradas para una edad o nivel y corregibles por un adulto.

Normalmente en cualquier aula se dan algunas “grandes propuestas” combinando los tres tipos, aunque intentando una predominancia clara de los dos primeros (propuestas derivadas de la vida cotidiana o diseñadas por nosotros con las mismas características que las primeras). Y alternando con éstas, se suceden muchas “mini-actividades” ligadas a las rutinas de aseo y alimentación, a las asambleas, al calendario, etc.   

¿Qué ha pasado con la Educación Infantil en casa, con los “deberes” que se han estado mandando? Sin ninguna duda, maestras y familias hemos hecho todo lo que hemos podido. Sin embargo y, sin remedio, las propuestas han tenido que resumirse en dos o tres cositas por jornada escolar y elegidas por tres criterios totalmente diferentes a los que guían el diseño de propuestas en nuestro día a día en el aula:

1. Que las familias pudiesen entender qué tienen que hacer con su hijo/a. Esto hace que hayan predominado propuestas del tipo 3 (diseñadas por editoriales, fichas, corregibles sólo por el adulto, etc.) que responden a una enseñanza más tradicional y por tanto más cercana a la que recibieron padres, madres y abuelos/as. Esto les hace capaces de implementarla en sus hijos/as o nietos.

Seguir este criterio ha implicado, además, una reducción de contenidos. Por ejemplo, en el ámbito matemático, hemos podido mandar propuestas que incidan en asociar cantidad-grafía, recta numérica, operaciones, etc. Pero cuando nos sentábamos a pensar en cómo mandar a casa todas las que serían necesarias para adquirir el sentido del número y sus usos, la cosa se complica.

En mi caso, a medida que han ido pasando las semanas he ido adaptando mis propias recomendaciones. Empezaron siendo propuestas con poca conexión explicadas de forma escueta. Luego, fui conectando más las actividades entre sí y añadiendo párrafos en los que explicaba para qué hacíamos esa propuesta y cómo debían ejecutarla para conseguir los objetivos que pretendía. Y, aun así, en la mayoría de los casos, tampoco las familias llegaban a comprender de verdad por qué se hace; con lo cual, las correcciones, vocabulario empleado por los adultos presentes, la manera de resaltar errores, … han divergido de la forma que se hace en el aula.

Por otro lado, en el día a día de nuestras clases, todos los objetivos y contenidos se entrelazan y se disgregan en mini-propuestas continuadas que alternan todas las capacidades de la persona y que se enlazan de forma natural: no distinguimos por "asignaturas" porque el cerebro infantil no aprende así. Cuando se mandan a casa, en ocasiones se agrupan: lectoescritura, matemáticas, psicomotricidad, inglés, arte.... En primer lugar, porque es imposible reproducir el "día escolar" que entendemos como una unidad entera de aprendizaje. Y en segundo lugar, para facilitar a las familias la comprensión de lo que tienen que hacer. Y ellas las plantean así, "venga hijo, ahora vamos a hacer lo de matemáticas", perdiendo la globalidad de los aprendizajes que caracteriza a la Educación Infantil (y que no tiene nada que ver con que esos grupos de propuestas traten todos sobre los transportes o los inventos).

¡Tenemos gusanos de seda! Podemos tocarlos, verlos crecer, cuidarlos, vivenciar su ciclo vital, contarlos todos, sólo los capullos o sólo las mariposas; si alguno muere volvemos a contar, lo anotamos, hacemos una lista para llevarlos a casa, escribimos una nota a la familia que traerá las hojas de morera, ...

2. Que las familias pudiesen hacerlas con sus hijos/as: por tener el material, por tener el tiempo, por tener el espacio y los conocimientos. Este criterio también nos suele remitir a propuestas del tipo 3 (fichas y manipulación pero ligada a ellas, páginas de libros, etc.). Sabemos que las familias han hecho un esfuerzo enorme por seguir el ritmo de las tareas enviadas, pero conocíamos las limitaciones y no queríamos añadir complicaciones.

3. Que fuesen entretenidas. Y este término se vuelve distinto cuando se manda tarea a casa porque sabemos que el maravilloso y necesario vínculo afectivo con mamá y papá hace que muchos niños/as se muestren en confianza para decir abiertamente que no quieren hacer lo que les proponen. Y si las familias se han creído que en su mano está el aprendizaje de contenidos de tipo "escolar", esto genera un agobio inmenso. Así que más nos ha valido mandar muchas manualidades (y el arte es mucho más que eso), experimentos, enlaces a vídeos, …; cosas entretenidas para progenitores y niños/as, aunque con poca conexión entre sí.

¿Y qué actividad IMPRESCINDIBLE en la Educación Infantil reúne estos tres requisitos? El JUEGO LIBRE. Pero por la inercia en la que nos movemos y al ritmo al que se hace vivir a la infancia, parece que mandar jugar libremente durante muchas horas, a lo que los niños elijan (porque en esa elección ya hay mucho aprendizaje), con sus padres si es posible; no es suficiente y vamos a dejar un vacío en la formación de esos niños y niñas. Creo yo que vacío es el que dejan en el vínculo familias agobiadas y enfadadas, luchando con niños de 4 años que no quieren hacer los deberes del cole estando en casa tan a gusto con su mamá y su papá y sus juguetes (y estar así de bien 24 horas al día, para algunos es algo que nunca han vivido y que “se huelen” que será excepcional y que, por tanto, han de aprovechar). Familias que llegan agotadas a ese juego libre tan importante, y sin fuerzas para luchar porque sus hijos/as coman solos, se vistan, se laven los dientes, para mediar en la resolución de conflictos con hermanos y tener paciencia para ser modelos de control emocional. Precisamente esos son los deberes propios de madres y padres cada día.

Así que, me da un poco de rabia que, de forma general, no sólo no se haya hecho notar la imposibilidad de impartir de forma online esta etapa, sino que hasta hace dos días, aún se siguiese planteando para el próximo curso, reduciendo nuestro trabajo a la trasmisión de contenidos en lugar de poner en valor nuestra formación. Y, también, un poco de rabia al ver cómo se ha estado "engañando" a las familias, haciéndolas creer que sus hijos/as están aprendiendo suficiente haciendo los deberes que manda el cole, en lugar de resaltar su importante papel, dejándoles tiempo para hacer sus verdaderos quehaceres como padres y madres. Esos de los que hablaba antes, a los que la administración e incluso la sociedad en general, no da tanto valor, pero que, si se han hecho, SUPLEN CON CRECES las posibles carencias de los niños por no ir al cole tres meses. Ya hablé de ello en la entrada "Deberes para Educación Infantil durante la cuarentena".

Termino recogiendo tres artículos que me han gustado de los que he ido leyendo estos días sobre educación:

1. Muy recomendable, si no lo habéis leído ya, el de la revista Magisterio de Maestra de pueblo: “El cambio profundo en Educación no lo va a traer esta pandemia”

 2. En El País, “El futbol, los bares, la escuela”

3. Y también en El País, “Odiar la educación”

sábado, 30 de mayo de 2020

Conociendo a Arcimboldo

Aunque el trabajo en el cole nos queda, por desgracia, un poco lejos, voy a compartir lo que hicimos en febrero en mi aula de 3 años sobre la obra de Giuseppe Arcimboldo.

Habíamos trabajado durante el mes anterior sobre el cuerpo humano, la salud y la alimentación. Una semana antes desarrollamos también bastante la propuesta de realizar la receta de una brocheta de frutas (podéis leer la experiencia pinchando aquí). Así que el día en el que por la mañana al entrar a clase apareció en la pizarra digital la obra "Retrato de verduras", los niños/as ya tenían mucha información. Nada más entrar al cole les dejaba un ratito de juego libre y, en ocasiones, les ponía de fondo una música o imagen motivadora, sin explicar nada salvo que preguntasen.

En otro momento del día, volvimos a la imagen y ya sí pusimos en común lo que veíamos: una cara de verduras, cebollas, un plato, etc. ¿Y si le dábamos la vuelta?

Después, les propuse que, por equipos, creasen su propia cara con los alimentos de juguete del aula. El trabajo en equipo de forma colaborativa es difícil a los 3 años ya que aún no han tenido tantas experiencias sociales como para saber gestionar roles y materiales. Así que, más que a la creacción de la cara, mis cometarios fueron dirigidos a este aspecto: no "acaparar" materiales, intentar que todos colocasen algún alimento, que escuchasen las ideas de otros niños/as, etc. Resultó muy interesante.


Los círculos que les dí como soporte para la actividad anterior, los usaron después para dibujar caras también entre varios niños. Fué genial escuchar los comentarios que se hacían unos  a otros para intentar adaptar todos los niveles de dibujo y que el resultado final se pareciese a la imagen de la cara que tenían en mente los más maduros del grupo.


Durante otros ratitos de juego libre por la mañana dejé en una mesa una cara hecha por mí, láminas con círculos más pequeños y contadores de frutas para que sirviesen de provocación a crear, esta vez de forma individual o por parejas, caras de frutas.



En el tiempo de trabajo por rincones pudieron crear su propia obra "permanente" del estilo de las de Arcimboldo. La propuesta estuvo programada para el rincón de arte durante una semana y la desarrollaron en dos fases (es decir, durante la misma semana, debían acudir dos veces al rincón). Usamos una lámina de nuestros libros de texto en la que viene un círculo y un sombrero-cazuela. En la primera fase pintaron con témpera el exterior y el interior de la cara de dos colores diferentes. Cuando se secaba, volvían al rincón para pegar recortes de alimentos previamente preparados por mi en una bandeja.



Durante el tiempo que trabajamos la obra de Giuseppe Arcimboldo, leímos conjuntamente un libro que les hice yo recopilando los aspectos más importantes sobre la vida y obra del artista. Luego quedó en la biblioteca de aula para que lo disfrutasen cuando quisieran. Podéis descargarlo pinchando aquí o en la imagen.


martes, 5 de mayo de 2020

Atención educativa: contamos el cuento "El cambalache" y hablamos de los celos



Descubrí El cambalache por casualidad y lo cuento muchísimo. A los niños les encanta y yo creo que es porque presenta los celos de una forma muy reconocible para ellos y con una manera de resolverlos que también es la que, al menos en algunos momentos, desearían llevar a cabo (cambiar a tu hermano/a, devolverlo al sitio del cual vino,...). Está escrito e ilustrado por Jan Ormerod y Andrew Joyner y editado por Ekaré. Podéis conseguirlo aquí.

Para meternos en él de una forma más profunda, planteé algunas sesiones de trabajo para el tiempo de Atención Educativa/Alternativa a la Religión en mi aula de 3 años, aunque las propuestas y el material es fácilmente adaptable a 4 y 5 años. En estas sesiones somos menos y podemos hablar todos más tiempo y con más tranquilidad y, este cuento en concreto, da pie a desarrollar conversaciones interesantes desde el punto de vista emocional. Los personajes son muy expresivos y las ilustraciones contienen muchos detalles que completan la narración verbal, así que resulta perfecto contar el cuento con un grupo más reducido para que puedan verlo bien.

Antes de empezar la lectura, extraemos información de la cubierta, anteportada y portada y hablamos de lo que los niños/as creen que trata el cuento, quienes son los personajes que aparecen, dónde están, cómo creen que se sienten y por qué,...


Después de leerlo varias veces, disfrutarlo, hablar de lo que nos ha gustado o no y dibujarlo si queremos; podemos hablar de cómo se siente Carolina en las distintas partes del cuento y por qué. Observando las caras del resto de los personajes también podemos conocer sus sentimientos. Pero si hay algo que nos asegura un buen rato de interesante conversación es el tema de los hermanos: si tienen o no, su edad, cómo son, lo que hacen, anécdotas que han oído sobre su nacimiento o cuando eran más pequeños y sus conocimientos sobre los cuidados que precisan los bebés. Desde ahí podemos dejar espacio para que compartan los momentos en los que han sentido celos, ponerle nombre a un sentimiento tan frecuente y normalizarlo. Y en algún momento, preguntar si les gustaría o les hubiese gustado hacer como Carolina y cambiar a su hermano por otro, devolverlo a una tienda o que volviese al sitio del que ha venido. Son acciones que muchos de ellos hubiesen deseado pero que la sociedad se encarga de hacerles saber que pensar en ellas está mal y por tanto muchos no llegan a verbalizarlas, lo que impide que se canalicen correctamente. Sacarlas a la luz con el cuento es el vehículo para poder expresar los celos y resolverlos.

Después de ello podemos escribir una lista conjunta de las ventajas e inconvenientes que supone tener hermanos. Si son más pequeños que nosotros, ¿qué cosas creéis que podréis hacer juntos cuando crezcan? Y si son más mayores, ¿qué cosas hacen ellos que os gustaría poder hacer también a vosostros?.

Otra pregunta interesante que se deriva del cuento es si creen que la mamá de Carolina la quiere en las primeras escenas del cuento y por qué. Aunque nazca un hermano nuestros padres y madres siguen queriéndonos ¿cómo lo sabemos? Podemos escribirlo a nuestra manera y/o dibujarlo.


En El cambalache aparecen características del bebé que gustan a la mamá cocodrilo. Carolina las busca después en los animales de la tienda de bebés. A partir de dichas cualidades, realizamos una actividad para trabajar la descripción de un modo que les encanta y que ya hicimos con los montruos (podéis leer la entrada pinchando aquí) y personajes de revistas (podéis leerlo aquí). Esparcimos por la alfombra imágenes de animales que aparecen en el cuento y nos sentamos en círculo. Cada niño deberá pedir un animal a su compañero de la derecha expresando rasgos que lo definen (color, ojos, número de patas, tamaño...) pero sin decir su nombre. También podemos describir nosotros animales que los niños deberán adivinar.

Respecto al desarrollo de la lectoescritura, realizamos también una actividad que ya conocen y que consiste en buscar entre varias palabras, aquellas en las que pone cocodrilo.

En cuanto a contenidos de tipo lógico-matemático, el cuento se presta a realizar una propuesta de peticiones con el vestido de Carolina. La que yo propongo en el material es muy sencilla puesto que sólo los alumnos que no van a Religión tienen la oportunidad de realizarla y el objetivo es asentar los aprendizajes que se consiguen con este tipo de actividad. En este caso, presentamos a Carolina con como modelo con un vestido de tres círculos amarillos. Los alumnos deben pedir por escrito el número necesario de círculos para que el vestido vacío de su Carolina quede igual que el del modelo. Si lo consiguen, ellos mismos pueden ver que ¡han ganado! (Podéis leer más sobre peticiones en la entrada "Las peticiones en 3 años")


Y por último, dramatizamos el cuento con nuestros propios títeres con el objetivo, entre otros, de mejorar la pronunciación. Podemos escribir una lista conjunta en la que apuntemos cada personaje y el alumno/a que lo va a representar. Después, pintan los títeres, los recotamos y pegamos un palo por detrás.


Por úlltimo, os dejo un vídeo que grabé contando el cuento a mis alumnos.

martes, 21 de abril de 2020

Cuentos en casa 3 y 4: Calma y Mosca Tosca

https://www.casadellibro.com/libro-calma/9788494284120/2511999Como ya sabéis estoy grabándome contando cuentos para que mis alumnos puedan verme y sentir que mantienen el contacto con el cole a pesar de no poder salir de casa. 

En este caso les he contado un cuento que se llama Calma, escrito e ilustrado por Carol Thompson y editado por Tramuntana (podéis conseguirlo pinchando aquí o en la imagen). Cuenta la historia de dos buenos amigos que una tarde se enfadan. Muy furiosos, se van cada uno a su casa y después, empiezan a sentirse tristes. Por separado, deciden hacer algo para que esa mezcla de sentimientos no les haga explotar: respirar profundamente, contar hasta 10 tumbados en el suelo, darse un baño pensando en algo que les guste... Y cuando, ya más tranquilos, vuelven a encontrarse, ponen en marcha juntos estrategias que les hagan sentir de nuevo en calma: la postura del árbol (algo de yoga), la abeja (algo de meditación), darse masajes mutuamente o hacerse cosquillas con una pluma.

Todas estas estrategias las podemos poner en práctica con nuestros hijos en casa o con nuestros alumnos en el cole, mientras leemos el cuento o después. De esta manera será más fácil que las empleemos de forma natural cuando nos enfademos.

Os dejo el vídeo con el cuento. Espero que os guste.



Para los que no os haya llegado, aprovecho esta entrada para compartir el cuento que conté antes de Semana Santa. Se llama Mosca Tosca y para nosotros ha sido un descubrimiento. Está escrito por Antoon Krings y editado por Blume, dentro de la colección Bichitos Curiosos (podéis conseguirlo pinchando aquí o en la imagen).  

http://www.casadellibro.com/afiliados/homeAfiliado?ca=21002&idproducto=1027325

A veces nos esforzamos por gustar a gente muy distinta a nosostros y para que nos acepten, cambiamos nuestros gustos, nuestra forma de vestir, nuestras costumbres... Y a pesar de ese esfuerzo, nos siguen viendo distintos. No pasa nada. Somos diferentes y eso es bueno. Pero, en ese camino por intentar gustar, nos puede pasar como a Tosca y encontrar otras personas con las que conectamos sin ningún esfuerzo, porque nos aceptan tal y como somos.

Además de trasmitir este mensaje, la historia es muuuy graciosa y tiene una cancioncilla muy pegadiza. ¿Queréis escucharla? Aquí la tenéis:

sábado, 11 de abril de 2020

Cómo hacer las letras de lija-fieltro Montessori

Durante el confinamiento he aprovechado para hacer las letras de lija. Tenía ganas de hacer este material porque en el tiempo de trabajo por rincones suelo hacer muchas propuestas de trazo de letras con distintos materiales pero no tenía un referente estable que pudiesen tocar previamente.


Pensé en comprar el material pero me parecía caro así que decidí fabricármelo yo. Empecé a buscar los materiales, mirar precios y leer entradas de blogs explicando cómo se las habían hecho otras personas (especialmenté me fué útil esta entrada de Montessorizate y la ayuda de Laura del blog Laura y su aula).

En esta entrada os voy a contar todo mi proceso de fabricación por si estáis pensando en haceros vuestras propias letras y números de lija, pero os adelanto que al final me salieron casi al mismo precio que si las hubiese comprado y además he tenido que dedicar bastante tiempo.

Cambié la lija por fieltro porque no encontraba planchas de lija que me convenciesen por su textura y precio. El fieltro me pareció una buena alternativa.

1. MATERIALES NECESARIOS.

Para hacer todas las letras mayúsculas y minúsculas, los dígrafos "ch" y "ll" y los números del 0 al 10, necesitaréis:

- Tablitas de contrachapado: 68. Las mías miden 17x20 cm. (Precio: 34 euros aproximadamente)
- Pintura en spray roja (4 tubos), azul (1 tubo), verde (1 tubo). (Precio: 7 euros cada spray rojo y azul y 8 euros el verde)
- Fieltro gris: 4 rollos de 27x90 cm. (precio: 90 céntimos cada rollo)
- Tijeras.
- Pincel.
- Cola blanca.
- Plantillas de letras y números.

2. PROCEDIMIENTO.

1º. Comprar la madera.

Las tablitas las compré en Embalajes Rincón. Allí venden el tablero y te lo cortan a la medida que quieras. Elegí contrachapado y me lo cortaron en rectángulos de 17x20 cm. Para el uso en el aula creo que está bien esa medida pero quizá habría sido mejor cortarlas más pequeñas porque el que sean tan grandes ha incrementado el gasto en pintura y dificulta el almacenaje.


2º. Pintar las tablitas.

Para ello usé pintura en spray roja, azul y verde. Los sprays de color azul y rojo fueron de la marca Luxens con acabado brillo. El verde fué de la marca MTN. El acabado era mate y no me gustó tanto porque luego el tacto de la tablita queda más áspero.


Pintar con spray es muy fácil y rápido. Para hacerlo cubrí bien el suelo con papel continuo y coloqué las tablitas encima. Primero quité el polvo de las tablitas con un paño. Luego dí dos capas a la primera cara. Cuando secaron bien, agrupé las de cada color y pinté los cantos. Y después, las volví a colocar sobre el papel y pinté otras dos capas en la otra cara. Entre capa y capa dejé unos 15 minutos para que se secara un poquito la primera.


Antes de recogerlas después de tenerlas pintadas y colocarlas apiladas o gusardarlas, os recomiendo que las dejéis todo el tiempo posible sin superponer unas sobre otras ya que aunque parezca que la pintura está seca, se pegan por puntos donde ha quedado más concentración de pintura y al despegarlas, ésta se levanta un poco.

De color verde pinté las tablas para los números del 0 al 9,  "ll" y "ch" tanto en mayúscula como en minúscula (en total, 14 tablitas). Usé un spray entero y me quedaron dos tablitas sin pintar. Como no quería comprar otro tubo sólo para eso las pinté con témpera pero claro, quedaron bastante peor.

De color azul pinté 10 tablitas, una para cada vocal en mayúscula y minúscula. Necesité casi un spray de pintura entero.

Y necesité 3 tubos y medio de spray de color rojo para pintar las 44 tablitas necesarias para las consonantes en mayúscula y minúscula.

Si os manchaís o se mancha el suelo, podéis usar acetona para limpiarlo. Con el quitaesmaltes (si lleva acetona) se limpia muy bien.

3º. Hacer las letras con fieltro.

En primer lugar, imprimí las letras y números en folio. Para las letras mayúsculas y números elegí la fuente de word Dotum tamaño 500. Podéis descargarlas pinchando aquí o en la imagen aunque si vuestras tablitas son de otra medida tendréis que ajustar el tamaño.

https://drive.google.com/drive/folders/1w_xBPAK1hLb0vla64r_6LNiPhEEVksD9?usp=sharing

Las mayúsculas las imprimí y me puse a calcarlas directamente sobre el fieltro con una cera negra y después al recortarlas y pegarlas se notaba el contorno de la cera.
 

En el número 2 véis a lo que me refiero. Os recomiendo que las calquéis AL REVÉS.


Para las letras minúsculas elegí la fuente, tambien de word, Escolar2 en tamaño 550, excepto para el dígrafo "ch" que lo hice de tamaño 350. Podéis descargarlas pinchando aquí o en la imagen.

https://drive.google.com/file/d/11FQlnJRWg__j_8gpAnall6uwin81GZxG/view?usp=sharing

Éstas ya están escaneadas al revés por lo que podríais calcarlas directamente sobre el fieltro. De esta forma como todas se pegarán al revés, no se verá el contorno de la cera o lo que uséis para dibujarlas.

4º. Pegar las letras en las tablitas.


Para ello usé un pincel y cola blanca muy poco diluida en agua. Y para que me quedaran centradas hice un marco de papel de 17x20 cm y de 2,5 cm de margen lateral y 3 cm de margen superior e inferior.

El resultado final es el que veís en las imágenes. A mi me parece que han quedado muy bien. Ya os contaré cómo resulta su uso en el aula.