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martes, 21 de marzo de 2023

Normalizado en la sociedad, normalizado en las aulas

UNO

 - "Deberíamos pensar en quitar los desayunos de galletas y batidos en los cumpleaños".

- Jaja, ¿y cómo lo celebran, con brócoli?

- Pero si aquí todo lo celebramos comiendo.

- Además, luego son las familias las que cuando salen le dan esas cosas para merendar.

- Es un poco exagerado quitarlo. Total, si sólo son 25 cumpleaños cada curso."

DOS

- "Creo que deberíamos plantearnos el uso que estamos haciendo de la PDI, excesivo cuando se recomienda la menor exposición posible a pantallas antes de los 6 años. Y además, se ponen vídeos de You Tube con anuncios y en muchos casos no hay justificación educativa para ello.

- Sí, yo creo que deberíamos dejar de poner vídeos en los recreos cuando llueve. Ni películas, claro. Somos profesionales en un aula enriquecida y preparada para el juego de los niños y debemos tener recursos para suplir esa media hora de patio.

- A ver,  tampoco son tantos vídeos y los anuncios los quitamos en cuanto You Tube nos deja.

- Además, a los niños les gusta y les relaja.

- Sí, es que esta generación ya es así. Y además, nos obligan a meterles en el plan de digitalización. Tú luego como madre haz lo que quieras y no se lo pongas a tus hijos."

TRES

- "Yo creo que deberíamos evitar estar en el aula consultando el correo de Raíces o cualquier otra cosa que implique atender al ordenador o al móvil. Ya se avisa que no atendemos dichos medios en horario lectivo. Habría que hacerlo en la exclusiva o en casa.

- A ver, si nos obligan a consultar el correo pues habrá que hacerlo en el cole. Yo en casa me niego a dedicarle dos horas a eso.

- Yo lo hago mientras los niños juegan.

- Tampoco es para tanto. Es que al final son muchas cosas y si no no nos da tiempo. No pasa nada por dedicar un rato. Ya bastantes cosas hacemos con los niños en la clase.

 - A mi es que en casa no me da la vida."

 

Seguro que más de una os habréis sentido identificadas con alguna de estas situaciones. O si no, al menos habéis pensado que esto debería plantearse porque choca con la información y formación que hoy en día tenemos tanto docentes como familias. 

Efectivamente son tres conversaciones sobre tres aspectos totalmente normalizados en entornos educativos, pero, según mi punto de vista, negligentes: promover alimentación no saludable, abuso de la proyección de vídeos/películas en pizarra digital y empleo de móvil y ordenador por parte de los docentes durante las horas lectivas.

Y el problema es que como el consumo de comida ultraprocesada, el empleo de tablets/tele/móvil con niños y el uso de dichos dispositivos por parte de los adultos en el puesto de trabajo, son aspectos también normalizados en la sociedad, son difíciles de modificar porque se confunde lo que PODEMOS hacer como familias y lo que DEBEMOS hacer como profesionales de la educación. Así que la discusión está perdida cuando ante un argumento pedagógico para cambiar la situación por parte de un docente, se contesta haciendo referencia a su ámbito privado, dejándole que aplique lo que quiera con sus hijos pero adaptándose en el centro a lo que la sociedad ha normalizado.

Y mi lucha es precisamente la contraria. Podemos comportarnos como queramos en el ámbito privado y alimentar a nuestros hijos como mejor nos parezca (yo seguramente sea la ciudadana más adicta al dulce que existe) pero no nos podemos permitir sugerir en una reunión que el alumnado celebre los cumpleaños trayendo galletas y batidos. Somos un centro educativo que debemos estar al día de los conocimientos más recientes sobre lo que es alimentación saludable para los niños y niñas y promoverla. Hay alumnos cuyo primer contacto con galletas de chocolate o batidos es en un aula. Y esto, llamadme rara, me parece denunciable. 

No podía faltar como segundo elemento normalizado el abuso de pantallas. Y digo abuso porque se empezaron usando para poner puntualmente un video de cómo cambia de color un camaleón en la naturaleza, y hemos pasado a usarla para buscar en You Tube canciones (no siempre infantiles) y cuentos, sustituyendo en algunos casos a lo cantado y contado por las maestras. Y a nadie le extraña ver un día de lluvia la PDI encendida con una película, a pesar de que conocemos los datos arrojados por estudios neuropedagógicos sobre los centros cerebrales puestos en marcha ante la exposición a pantallas por los menores de 6 años y sus efectos adversos. Y por supuesto, a pesar de que como profesionales, contamos con infinidad de alternativas.

Y, por último, está absolutamente normalizado socialmente y en bastantes campos profesionales, usar el móvil durante el tiempo de trabajo para actividades no profesionales (Whatsapp, redes sociales, etc.). Pero es que además, en los centros educativos, que ya todas las comunicaciones con familias y compañeros así como otros trámites, se realizan digitalmente, se está también haciendo habitual el empleo de móvil, ordenador o tablet mientras se está con los niños y niñas en la clase o en el patio. No sé a vosotras, pero a mi en el aula con los niños y niñas dentro, no me da tiempo a prácticamente nada que no sea atenderles, bien directamente o simplemente observándoles.

Tres "luchas" frecuentes dentro de los centros educativos y también emprendidas por familias que se llevan las manos a la cabeza cuando su hijo/a sale diciendo que ha visto en el cole tal o cual película, que se les encoje el estómago cuando su pelea diaria por educar en una alimentación saludable es tirada por tierra por profesionales de la educación, o familias que se quedan observando en la valla, atónitas, cuando ven docentes mirando el móvil en el recreo. Tres "luchas" entre muchas otras, sobre las que esperamos ir removiendo conciencias para que dentro de poco, y como ha sucedido con otras cosas, nos parezca increíble que en el pasado hiciésemos las cosas así.

lunes, 19 de septiembre de 2022

¿Quién necesita que los colegios estén abiertos 12 horas?

Mientras estoy empezando a asumir que tengo que dejar a Miguel en la Escuela Infantil de 8;30 a 15:30 porque no he tenido más remedio que volver a trabajar. Mientras estoy contenta porque en mi cole se aprobó la jornada continua y no necesito para ninguno de mis tres hijos ni ampliaciones horarias ni extraescolares por la tarde. Mientras me muero de ganas por recogerles después de mi jornada laboral, frenar 6 o 7 horas de carreras y poder jugar o "sólo" verles jugar. Mientras Miguel llora porque el tiempo separado de mi se le hace eterno. Mientras Inés y Pablo salen agotados y a las 20h ya no quieren saber nada de normas. Mientras pasa todo esto, nos dieron la noticia de que los colegios van a abrir de 7 de la mañana a 7 de la tarde durante 11 meses al año. Y justo hoy cuando veo esto en Twitter, no puedo sentirme más de acuerdo.

Curiosamente al incorporarme al trabajo después de la excedencia que cogí para cuidar y disfrutar de Inés, retomé en blog con la entrada "Conciliación". No tengo que añadir casi nada a lo que escribí hace ya 3 años pero tampoco he notado mejoras ni cambios. Al contrario, de nuevo una noticia que me indigna profundamente. Así que vuelvo a abrir así mi vuelta a este espacio.

Desde hace unos años paso muchas horas en el parque, sobre todo en parques cercanos a colegios donde las conversaciones de los grupos de adultos suelen tratar sobre los centros escolares, deberes, docentes, vacaciones, etc. Y sigue pasando que cuando hay una brecha entre el horario laboral y el escolar, la queja es dirigida mayoritariamente a los colegios (ya sabéis que además, asociado a la suerte de los maestros). Así es IMPOSIBLE que las empresas se esfuercen en que sus trabajadores puedan realmente conciliar ya que la sociedad no las hace responsables en absoluto del poco tiempo que los niños pasan con sus familias. Se responsabiliza socialmente al colegio, que da al alumnado dos meses de vacaciones, semana blanca, festivos varios y un horario de sólo siete horas lectivas, del cual, para colmo, algunos centros reducen una hora en junio y septiembre. Esta atribución absurda de "culpables" es conocida por los políticos y, por tanto, no hay medidas más populares que aumentar las horas y días que el alumnado pasa dentro de un aula (y si dejan entrever que pueden reducir nuestras vacaciones, aún más votos)

Pero, ¿quién necesita colegios abiertos doce horas durante once meses? Realmente da lo mismo que sea en el propio centro o que a la salida, se completen las horas hasta las 6 o las 7 de la tarde en extraescolares externas, aunque sean las mejores porque tengamos la suerte de poder pagarlo. Lo que los niños necesitan es ser recogidos por su padre o su madre, parque, merienda, juego libre, amigos y si hay deberes/estudiar u otras actividades, que sean desde el acompañamiento y calor familiar. Y por supuesto, necesitan tener unos horarios razonables de sueño y descanso. Recogerles del cole sólo para estudiar, cenar y acostar, todo con prisa, no es buena idea. Pero como sucede con todo en educación, los efectos sólo se ven a medio y largo plazo. Y para entonces se han "colado" tantos factores, que es difícil establecer una relación directa.

Los expertos en disciplinas relacionadas con la educación si sabemos las razones por las que esta medida es una atrocidad. Y por ello se establecieron los días lectivos que debe tener el curso y los horarios escolares. Las familias no tienen por qué tener esa información. Así que si un político le resuelve el problema que supone salir de trabajar a las 19h y no tener con quien dejar a los niños, perfecto. Pero les estamos engañando. 

Si la queja se elevase a las empresas, se podrían encontrar otras medidas. Elevar la queja no es sólo ir cada uno a hablar con su jefe, sino empezar porque en la sociedad cale la idea de querer y deber estar en casa con los niños cuando salen del cole o cuando tienen vacaciones. Y que en el parque no se oiga continuamente la faena que es que los niños salgan a las tres de la tarde o que tengan dos meses de merecido descanso; sino la faena que es que en tu trabajo no puedas tener una jornada continuada más flexible que te permita ajustar más los horarios a los de tu hijo/a o que no te den más vacaciones. Esto supone dar a la crianza y al cuidado familiar el valor que tiene y considerar valioso e importante el tiempo que necesitamos para ello. Sólo así podemos pedir responsabilidades a quien de verdad nos lo quita.

Para terminar, os recomiendo un artículo de opinión que publicó El Pais hace unos días sobre este tema: ¿Colegios abiertos de sol a sol? No necesitamos más tiempo para trabajar, sino para vivir.

martes, 22 de diciembre de 2020

ABN y la Teoría de Situaciones Didácticas

Hace bastante que no escribo en el blog. Estoy embarazada de mi tercer hijo, llevo de baja desde principio de curso y no me quedan muchas energías para escribir. Aún así, tenía pendiente comentar algo sobre ABN y no quería dejar de hacerlo antes de despedirme formalmente. Como otros métodos matemáticos, está (o ha estado) de moda y me parece que aplicado exclusivamente, queda cojo.

Durante el confinamiento terminé de leer el libro Desarrollo y mejora de la inteligencia matemática en Educación Infantil, de Jaime Martínez Montero y Concepción Sánchez Cortés y editado por Wolters Kluwer. En él se explica la metodología ABN, contando detalladamente propuestas para cada área de contenidos matemáticos y secuenciando éstos a lo largo del segundo ciclo de Educación Infantil. 

Tenía muchas ganas de leerlo detenidamente ya que había visto a compañeras realizar actividades siguiendo esta metodología, había visto vídeos en You Tube y, en general, me había formado un poquito porque en el colegio de mi hijo siguen esta forma de trabajar y durante el confinamiento quería poder acompañarle realizado propuestas del mismo tipo.  

Pero mientras leía el libro haciéndome mis resúmenes, subrayándolo y dejando notas al margen; me iba dando cuenta de que en ningún momento aparece el para qué de cada una de las propuestas que hace. La progresión de los conocimientos, en mi opinión, es buena y aborda de forma completa todos los aspectos del número: conteo, ordenación y comparación, y transformaciones. Una buena guía para no dejarnos nada y por ello me hice una tabla sobre los bloques y su progresión que, si os interesa, podéis descargar pinchando aquí. 

Sin embargo, no habla nada del uso de dichos conocimientos, de que el niño los aprenda dentro de una situación que deba resolver o de un juego. Las que habéis puesto en práctica algo de esta metodología habéis visto o usado, por ejemplo, la tabla 100 y las casitas de las decenas. La metodología ABN propone multitud de propuestas para ellas: completar la tabla y las casitas, contar los números, "adivinar" el que está oculto, moverse por la tabla en horizontal o vertical saltando decenas o pares/impares, etc. Y claro, el alumnado llega a dominar pronto el conteo de varias formas hasta números altos. Pero lo hace a través de la mecanización de estas propuestas en la asamblea, porque la maestra se lo dice. Puede ser divertido en algunos momentos y no me parece mal que estén en una zona del aula como referencia y material de manipulación, pero desde luego, las prácticas que se proponen, quedan alejadas del uso real. Sin embargo, hay un juego perfecto para abordar la numeración hasta el 100, la colocación de números en sus decenas, su lectoescritura, el que va antes y después, etc. ¿Cuál es? ¡Bingo! Desde 4 años, adaptando el numero máximo al que llegamos, podemos trabajar la numeración dentro de un juego en el que, manejar bien la tabla 100 hasta el número X, nos hará ganar. Contando con que son los propios niños los que pueden escribir los cartones, sacar las bolas, leer los números, apuntar en la pizarra los que van saliendo, tachar los de su cartón y comprobar si las líneas o los bingos son correctos.

Los talleres de problemas (podéis leer aquí en qué consisten) también contextualizan y provocan aprendizaje funcional del número incluso hasta cantidades bastante grandes. Pero con el reto de resolver un problema que se plantea en un contexto conocido. Si fallan en el conteo o en la transformación de los números, no hallarán la solución y ellos mismos se darán cuenta del error. 

Dichos talleres, así como los problemas de asamblea, nos sirven perfectamente para abordar los repartos de distinto tipo. En los vídeos de ABN que he visto, muchos grabados por una de sus mayores expertas, frecuentemente se le dan platos a un niño/a y se le pide que reparta tantos objetos siguiendo una consigna. Después la maestra le dice si lo ha hecho bien o no, aunque es verdad que él también lo ve y puede comprobar si el reparto está bien hecho, contando. Pero ¿con qué razón se introduce la realización de ese reparto? ¿los alumnos ven alguna necesidad en ello salvo hacer lo que les dice la profe? Por lo que he indagado, no. Si nosotros planteamos una situación problemática en un contexto en el que tenga sentido, bien en el marco de la vida del aula ("Nos ha llegado un paquete de 16 rotuladores de pizarra blanca y tenemos que repartirlos entre los equipos para que cada uno tenga los mismos, ¿cómo se os ocurre que podemos hacerlo?) o bien ligado a un cuento conocido (podéis ver ejemplos en el blog pinchando aquí); la tarea adopta el papel de reto, de juego, de problema que tenemos y necesitamos resolver. Y el aprendizaje tiene sentido, repartir sirve para algo y por tanto es extrapolable a su vida cotidiana.

Los que me seguís desde hace tiempo sabéis que trabajo las matemáticas desde el enfoque de la Teoría de las Situaciones Didácticas (podéis leer sobre ella en un libro muy cortito llamado Iniciación al estudio de la teoría de las situaciones didácticas, de Guy Brousseau). Propone justo el enfoque que echo en falta en ABN, que muy resumidamente sería que, para que un niño aprenda un determinado contenido, debemos plantear una situación problemática o juego en el que éste aparezca como necesario para resolverla o ganar. El ser humano instintivamente aprende teniendo que resolver problemas. Para ello empleará sus conocimientos y si éstos no son suficientes, ira buscando nuevas estrategias hasta dar con la solución. Somos nosotros los que diseñaremos dichas situaciones y las iremos modificando de forma que hagamos avanzar al alumnado desde las estrategias que pondrían en marcha inicialmente hasta las que queremos que aprendan, justo donde está el conocimiento matemático que buscamos.

El enfoque que plantea me parece absolutamente lógico y perfecto e intento diseñar las matemáticas desde ahi. Y al aprender sobre ABN encuentro un enfoque tradicional centrado en la exposición de materiales no del todo manipulables (rectas numéricas, tablas, bandejas y materiales para repartos, etc.) y peticiones de las maestras que los niños realizan, sí, moviéndose. Pero si no se completa con otras propuestas que den luego funcionalidad a todo eso, queda en una exposición nuestra con buenos resultados de cara a las familias.

Esta brecha entre ambas formas de entender la enseñanza-aprendizaje de las matemáticas, se me hizo muy patenete en cómo ABN plantea la búsqueda y creación de conjuntos equivalentes. Propone, entre otras cosas del estilo, presentar conjuntos de distinto cardinal y que el alumno empareje los que tienen el mismo número de elementos o poner en una bandeja el mismo número de elementos que hay en otra. ¿Con qué fin? Bajo la Teoría de Situaciónes Didácticas parece más eficaz plantear situaciones de cuantificación como: "Trae lápices para que escriban los niños de tu equipo. Tienes que traer sólo uno para cada uno, sin que te sobren ni te falten. Si lo consigues, habrás ganado porque todos podréis escribir". Igualmente, en mil situaciones ligadas al dia dia del aula, en juegos en los que haya relación de necesidad entre ambos conjuntos o contextualizadas en problemas ya conocidos a través de cuentos, por ejemplo. Y una de las "estrategias base" que aparecería en este tipo de juegos sería la estimación. Los que conocéis "¡A contar!" sabéis que dichos conocimientos se plantean de ese modo con una elevadísima motivación para los niños y el asentamiento más profundo de los conocimientos.

Aunque podríamos desgranar varios aspectos numéricos y analizarlos del mismo modo, me voy a detener finalmente en el conteo y el manejo de la recta numérica hasta el 10. Seguro que conocéis la recta numérica colocada en el suelo para saltar sobre ella y moverse en orden ascendente, descendente, de dos en dos, etc. E igualmente, colocar sobre ella tantos objetos en sartas o filas como indica cada cardinal. Y está genial porque en esta etapa, implicar al cuerpo y su movimiento así como la manipulación en general de materiales, en el aprendizaje de cualquier contenido es ideal para fijarlo. Pero si el trabajo se queda ahí, de nuevo, no aparece el uso del número. Complementar dichas propuestas con juegos de tablero, pistas coloreadas o peticiones, convierte el conocimiento de la recta numérica y la cardinalización de sus elementos en una necesidad para poder ganar.



 

 

 

 

 

Resumiendo, en mi opinión el enfoque manipulativo de ABN está bien y el abordaje tan completo del número también. Pero una vez establecidos los contenidos a trabajar y su progresión, habría que buscar situaciones para abordarlos desde la funcionalidad y el juego, bajo las premisas de la Teoría de Situaciones. 

Espero vuestras opiniones y cuando regrese al aula, volveremos a vernos por aquí. ¡Hasta muy pronto!

lunes, 15 de junio de 2020

Lo que somos las maestras, las familias y la Educación Infantil a distancia

Nos llamó el abuelo. Al día siguiente venía a desayunar y nos traería churros y porras para todos. Me pidió que le mandase por WhatsApp cuántos íbamos a querer en total. ¡Perfecto! Ya teníamos los “deberes” de hoy: reales, conectados, globales, divertidos, extrapolables, repetibles, adaptables a dos edades distintas, … Se lo conté a Inés y Pablo, de 2 y 5 años, y decidimos ir apuntando en la pizarra lo que quería cada uno. Se pusieron en juego lectoescritura de letras y números, conteo, representación e interpretación de datos, cálculo, y más aprendizajes deseables en Educación Infantil.

Mi pasión dentro de esta etapa es “rescatar” de la vida del aula este tipo de situaciones o problemas cotidianos para convertirlos en MARAVILLOSAS oportunidades de aprendizaje. Que son las mejores, porque les enganchan al conectar con su entorno más próximo, son reales, proporcionan capacidades para la vida misma, ponen en juego varios contenidos del currículum, se adaptan a todos los alumnos de forma natural, y suele ser la propia situación o problema los que devuelvan a los niños/as los resultados de su trabajo. En nuestro caso, si no anotamos y calculamos bien los churros y las porras, o no habrá suficientes o sobrarán. Y este tipo de validación aumenta mucho las posibilidades de que haya un verdadero aprendizaje, además de dar a los niños mucha autonomía y motivación.

Para llevar a cabo este tipo de propuestas se necesita una mirada entrenada, que sepa ver dónde hay una de estas oportunidades de aprendizaje en el día a día, que la module y guíe para hacerla apropiada a sus alumnos/as y a los contenidos que desea trabajar, que acompañe el proceso de una forma pedagógica y emocionalmente positiva (y muy importante aquí la decisión de resaltar o no errores y cómo hacerlo), que respete, dando tiempo, esa validación por parte de la propia situación y con ella, concluya el proceso o lo enlace con otro. Vamos, lo que nos hace maestras.


Vamos a investigar sobre animales. Cada alumno elige el animal que quiere y lo apunta para que así nos aseguremos de que no se repiten. Podremos mirar nuestra lista para escribir una nota a nuestras familias y que nos ayuden.

Pero, en nuestras aulas, hay otros dos tipos de propuestas, ya que no siempre podemos o queremos aprovechar la vida diaria. Unas, son las que diseñamos de forma artificial pero que han de tener las mismas características que las anteriores. Y, por tanto, requieren un enorme trabajo de ingeniería didáctica. A cambio, obtenemos casi tanto y tan buen aprendizaje como en las que surgen del día a día.


Tenemos que alimentar a estos camaleones. Cada uno puede comer un solo grillo y ninguno puede quedar sin comer. Abre las cajas sólo cuando creas que has terminado para ver si los has alimentado bien.

Y un tercer tipo, las que nos vienen diseñadas por otros para que puedan aplicarse en cualquier contexto y casi por cualquier persona (aunque no con el mismo resultado si es maestra que si no lo es): materiales de editoriales, fichas en papel o interactivas, actividades manipulativas que sólo adquieren sentido en la ficha que se hará después, etc. Suelen ser mecánicas o repetitivas, alejadas del contexto del niño y del momento presente, cerradas para una edad o nivel y corregibles por un adulto.

Normalmente en cualquier aula se dan algunas “grandes propuestas” combinando los tres tipos, aunque intentando una predominancia clara de los dos primeros (propuestas derivadas de la vida cotidiana o diseñadas por nosotros con las mismas características que las primeras). Y alternando con éstas, se suceden muchas “mini-actividades” ligadas a las rutinas de aseo y alimentación, a las asambleas, al calendario, etc.   

¿Qué ha pasado con la Educación Infantil en casa, con los “deberes” que se han estado mandando? Sin ninguna duda, maestras y familias hemos hecho todo lo que hemos podido. Sin embargo y, sin remedio, las propuestas han tenido que resumirse en dos o tres cositas por jornada escolar y elegidas por tres criterios totalmente diferentes a los que guían el diseño de propuestas en nuestro día a día en el aula:

1. Que las familias pudiesen entender qué tienen que hacer con su hijo/a. Esto hace que hayan predominado propuestas del tipo 3 (diseñadas por editoriales, fichas, corregibles sólo por el adulto, etc.) que responden a una enseñanza más tradicional y por tanto más cercana a la que recibieron padres, madres y abuelos/as. Esto les hace capaces de implementarla en sus hijos/as o nietos.

Seguir este criterio ha implicado, además, una reducción de contenidos. Por ejemplo, en el ámbito matemático, hemos podido mandar propuestas que incidan en asociar cantidad-grafía, recta numérica, operaciones, etc. Pero cuando nos sentábamos a pensar en cómo mandar a casa todas las que serían necesarias para adquirir el sentido del número y sus usos, la cosa se complica.

En mi caso, a medida que han ido pasando las semanas he ido adaptando mis propias recomendaciones. Empezaron siendo propuestas con poca conexión explicadas de forma escueta. Luego, fui conectando más las actividades entre sí y añadiendo párrafos en los que explicaba para qué hacíamos esa propuesta y cómo debían ejecutarla para conseguir los objetivos que pretendía. Y, aun así, en la mayoría de los casos, tampoco las familias llegaban a comprender de verdad por qué se hace; con lo cual, las correcciones, vocabulario empleado por los adultos presentes, la manera de resaltar errores, … han divergido de la forma que se hace en el aula.

Por otro lado, en el día a día de nuestras clases, todos los objetivos y contenidos se entrelazan y se disgregan en mini-propuestas continuadas que alternan todas las capacidades de la persona y que se enlazan de forma natural: no distinguimos por "asignaturas" porque el cerebro infantil no aprende así. Cuando se mandan a casa, en ocasiones se agrupan: lectoescritura, matemáticas, psicomotricidad, inglés, arte.... En primer lugar, porque es imposible reproducir el "día escolar" que entendemos como una unidad entera de aprendizaje. Y en segundo lugar, para facilitar a las familias la comprensión de lo que tienen que hacer. Y ellas las plantean así, "venga hijo, ahora vamos a hacer lo de matemáticas", perdiendo la globalidad de los aprendizajes que caracteriza a la Educación Infantil (y que no tiene nada que ver con que esos grupos de propuestas traten todos sobre los transportes o los inventos).

¡Tenemos gusanos de seda! Podemos tocarlos, verlos crecer, cuidarlos, vivenciar su ciclo vital, contarlos todos, sólo los capullos o sólo las mariposas; si alguno muere volvemos a contar, lo anotamos, hacemos una lista para llevarlos a casa, escribimos una nota a la familia que traerá las hojas de morera, ...

2. Que las familias pudiesen hacerlas con sus hijos/as: por tener el material, por tener el tiempo, por tener el espacio y los conocimientos. Este criterio también nos suele remitir a propuestas del tipo 3 (fichas y manipulación pero ligada a ellas, páginas de libros, etc.). Sabemos que las familias han hecho un esfuerzo enorme por seguir el ritmo de las tareas enviadas, pero conocíamos las limitaciones y no queríamos añadir complicaciones.

3. Que fuesen entretenidas. Y este término se vuelve distinto cuando se manda tarea a casa porque sabemos que el maravilloso y necesario vínculo afectivo con mamá y papá hace que muchos niños/as se muestren en confianza para decir abiertamente que no quieren hacer lo que les proponen. Y si las familias se han creído que en su mano está el aprendizaje de contenidos de tipo "escolar", esto genera un agobio inmenso. Así que más nos ha valido mandar muchas manualidades (y el arte es mucho más que eso), experimentos, enlaces a vídeos, …; cosas entretenidas para progenitores y niños/as, aunque con poca conexión entre sí.

¿Y qué actividad IMPRESCINDIBLE en la Educación Infantil reúne estos tres requisitos? El JUEGO LIBRE. Pero por la inercia en la que nos movemos y al ritmo al que se hace vivir a la infancia, parece que mandar jugar libremente durante muchas horas, a lo que los niños elijan (porque en esa elección ya hay mucho aprendizaje), con sus padres si es posible; no es suficiente y vamos a dejar un vacío en la formación de esos niños y niñas. Creo yo que vacío es el que dejan en el vínculo familias agobiadas y enfadadas, luchando con niños de 4 años que no quieren hacer los deberes del cole estando en casa tan a gusto con su mamá y su papá y sus juguetes (y estar así de bien 24 horas al día, para algunos es algo que nunca han vivido y que “se huelen” que será excepcional y que, por tanto, han de aprovechar). Familias que llegan agotadas a ese juego libre tan importante, y sin fuerzas para luchar porque sus hijos/as coman solos, se vistan, se laven los dientes, para mediar en la resolución de conflictos con hermanos y tener paciencia para ser modelos de control emocional. Precisamente esos son los deberes propios de madres y padres cada día.

Así que, me da un poco de rabia que, de forma general, no sólo no se haya hecho notar la imposibilidad de impartir de forma online esta etapa, sino que hasta hace dos días, aún se siguiese planteando para el próximo curso, reduciendo nuestro trabajo a la trasmisión de contenidos en lugar de poner en valor nuestra formación. Y, también, un poco de rabia al ver cómo se ha estado "engañando" a las familias, haciéndolas creer que sus hijos/as están aprendiendo suficiente haciendo los deberes que manda el cole, en lugar de resaltar su importante papel, dejándoles tiempo para hacer sus verdaderos quehaceres como padres y madres. Esos de los que hablaba antes, a los que la administración e incluso la sociedad en general, no da tanto valor, pero que, si se han hecho, SUPLEN CON CRECES las posibles carencias de los niños por no ir al cole tres meses. Ya hablé de ello en la entrada "Deberes para Educación Infantil durante la cuarentena".

Termino recogiendo tres artículos que me han gustado de los que he ido leyendo estos días sobre educación:

1. Muy recomendable, si no lo habéis leído ya, el de la revista Magisterio de Maestra de pueblo: “El cambio profundo en Educación no lo va a traer esta pandemia”

 2. En El País, “El futbol, los bares, la escuela”

3. Y también en El País, “Odiar la educación”

lunes, 23 de marzo de 2020

Deberes para Educación Infantil durante la cuarentena

El día 12 de marzo, primer día que no podíamos ir al cole, ya había niños haciendo tareas en su casa enviadas por sus maestros. Desde ese día no he parado de dar vueltas al tema. El equipo de Educación Infantil de mi cole inicialmente mandamos unas recomendaciones generales, que nos parecen más que suficientes y ahora estamos teniendo reuniones para ver cómo continuamos ayudando a las familias, dado que se alargará bastante el estado de alarma. No tenemos muy claro qué mandar, ni cómo, ni siquiera exactamente sabemos por qué... Pero quiero compartir las ideas sobre las que estoy pensando estos días.

Los maestros somos insustituibles. Como muchos otros profesionales. Con los "deberes" que se mandan desde el cole para esta etapa no está asegurado el aprendizaje de los contenidos que con metodologías específicas abordamos en las aulas. Creo que las tareas o sugerencias pueden ser un acompañamiento a las familias, que necesitan contacto con alguien externo, o una guía para hacer algo recomendado por un profesional. Pero no son la vía de aprendizaje de todo lo que se trabajaría en la clase en condiciones normales.

La profesión de los maestros está muy poco reconocida socialmente, menos aún la de los de la especialidad de Educación Infantil, precisamente una de las más determinantes en la personalidad del niño y en su futuro escolar y social. Esta puede ser una buena oportunidad para ponerla en valor.

Pero aunque no estemos con ellos en la clase, hay dos buenas noticias. La primera es que, a pesar de esta trascendencia, la vida escolar es tan larga, que 3 meses para un niño de 3, 4,5 ,6 años, no son NADA.

Y la segunda es que los padres y madres tenemos en nuestras manos algo que también es imprescindible para los niños: TIEMPO. Sé que tenemos que teletrabajar, cocinar, limpiar y a veces hasta hacer deberes del cole. Parece que ni siquiera ahora que no salimos tenemos mucho más tiempo libre para estar con nuestros hijos. Pero creo que a pesar de todo ello, les hemos hecho un favor enorme parando durante 3 meses esa frenética vida social y cultural a la que están sometidos: cumpleaños, casas rurales, quedadas con amigos , cuentacuentos, bibliotecas, teatros, parques de bolas... . Actividades de tiempo libre que al final dejaban a los niños sin SUFICIENTE tiempo libre. Actividades que están bien en su justa medida pero que solían juntarse y convertían el fin de semana en "venga, vamos, que hemos quedado", "nos tenemos que ir a...", "van a venir a casa...". Y cuando el niño empezaba a desarrollar su juego, teníamos que cortarlo para hacer otra cosa que probablemente para él no era primordial en se momento.

Que un niño pueda decidir qué hacer con su tiempo, a qué jugar; es indispensable para desarrollar la autonomía, la creatividad, la autoestima. Y terminar sin interrupciones ese "proyecto" que comenzó en su cabeza, es muy importante para que desarrolle la capacidad de plantearse metas y concentrarse hasta terminarlas. Mucho más imprescindible que cualquier ficha.

Y en cuanto a los días de diario, qué enorme suerte que por fin se queden sin extraescolares tres meses. Pueden merendar con calma, jugar después, bañarse a costa de menos enfados, poner la mesa para cenar,... En definitiva, tenemos algo más de tiempo para fomentar su autonomía, prerrequisisto esencial para cualquier otro aprendizaje. No imaginéis estas situaciones de forma idílica. Habrá peleas, gritos, tambien prisas (menos). Habrá de todo lo de antes, pero la sensación para los niños será diferente porque estamos ahí, están con nosotros y tiene la oportunidad de vernos también jugando, dedicándoles tiempo que en situaciones normales no tenemos.


Ese tiempo crea un vacío en las familias. Y agobia, porque estar sin salir de casa por obligación, sin un final determinado y preocupados por la salud de los que nos rodean, es agobiante. Pero sinceramente creo que tenemos en nuestras manos la mejor de las oportunidades para jugar y crear un vínculo que cuando esto pase, quedará más grabado en el niño que cualquier actividad mandada por el cole.

Además, en nuestra cultura familiar hay juegos tradicionales para los que nunca hay tiempo o que se los han "comido" las pantallas. En ellos intervienen conceptos matemáticos, destrezas motrices y reglas que hay que respetar.  Y nos vamos a ver en la obligación de sacarlos porque son muchas horas por delante. Qué bien que no se pierdan y que aprovechemos para recordar juntos de quien los aprendimos. Y de paso, hablar con nuestros hijos de nuestro pasado, del pasado de su familia, contarles historias, ver fotos... Oportunidades para desarrollar el lenguaje oral.

Y por último, si estamos por casa, disponibles, habrá más ocasiones para que los niños pregunten y sus preguntas nos hacen aprender a todos. Hoy mi hijo me ha preguntado que a qué edad se deja de tener miedo. Y lo que he pensado es "Ojalá siempre sientas que tengo suficiente tiempo para responder a tus preguntas".


...

Me despido dejando un acompañamiento para aquellas familias que lo necesiten. Yo no veo claro que se necesite mandar tareas escolares así que con mucho esfuerzo he retomado el canal de You Tube para contar algún cuento. Creo que no hay nadie mejor que un padre o una madre para contar un cuento a sus hijos. Pero siento que puede haber familias que, mientras dure esta situación, necesiten saber que alguien piensa en ellas y en los niños con los que llevábamos compartiendo ya seis meses. Con muchos defectos pero mucho cariño, para vosotras es.