lunes, 23 de marzo de 2020

Deberes para Educación Infantil durante la cuarentena

El día 12 de marzo, primer día que no podíamos ir al cole, ya había niños haciendo tareas en su casa enviadas por sus maestros. Desde ese día no he parado de dar vueltas al tema. El equipo de Educación Infantil de mi cole inicialmente mandamos unas recomendaciones generales, que nos parecen más que suficientes y ahora estamos teniendo reuniones para ver cómo continuamos ayudando a las familias, dado que se alargará bastante el estado de alarma. No tenemos muy claro qué mandar, ni cómo, ni siquiera exactamente sabemos por qué... Pero quiero compartir las ideas sobre las que estoy pensando estos días.

Los maestros somos insustituibles. Como muchos otros profesionales. Con los "deberes" que se mandan desde el cole para esta etapa no está asegurado el aprendizaje de los contenidos que con metodologías específicas abordamos en las aulas. Creo que las tareas o sugerencias pueden ser un acompañamiento a las familias, que necesitan contacto con alguien externo, o una guía para hacer algo recomendado por un profesional. Pero no son la vía de aprendizaje de todo lo que se trabajaría en la clase en condiciones normales.

La profesión de los maestros está muy poco reconocida socialmente, menos aún la de los de la especialidad de Educación Infantil, precisamente una de las más determinantes en la personalidad del niño y en su futuro escolar y social. Esta puede ser una buena oportunidad para ponerla en valor.

Pero aunque no estemos con ellos en la clase, hay dos buenas noticias. La primera es que, a pesar de esta trascendencia, la vida escolar es tan larga, que 3 meses para un niño de 3, 4,5 ,6 años, no son NADA.

Y la segunda es que los padres y madres tenemos en nuestras manos algo que también es imprescindible para los niños: TIEMPO. Sé que tenemos que teletrabajar, cocinar, limpiar y a veces hasta hacer deberes del cole. Parece que ni siquiera ahora que no salimos tenemos mucho más tiempo libre para estar con nuestros hijos. Pero creo que a pesar de todo ello, les hemos hecho un favor enorme parando durante 3 meses esa frenética vida social y cultural a la que están sometidos: cumpleaños, casas rurales, quedadas con amigos , cuentacuentos, bibliotecas, teatros, parques de bolas... . Actividades de tiempo libre que al final dejaban a los niños sin SUFICIENTE tiempo libre. Actividades que están bien en su justa medida pero que solían juntarse y convertían el fin de semana en "venga, vamos, que hemos quedado", "nos tenemos que ir a...", "van a venir a casa..". Y cuando el niño empezaba a desarrollar su juego, teníamos que cortarlo para hacer otra cosa que probablemente para él no era primordial en se momento.

Que un niño pueda decidir qué hacer con su tiempo, a qué jugar; es indispensable para desarrollar la autonomía, la creatividad, la autoestima. Y terminar sin interrupciones ese "proyecto" que comenzó en su cabeza, es muy importante para que desarrolle la capacidad de plantearse metas y concentrarse hasta terminarlas. Mucho más imprescindible que cualquier ficha.

Y en cuanto a los días de diario, qué enorme suerte que por fin se queden sin extraescolares tres meses. Pueden merendar con calma, jugar después, bañarse a costa de menos enfados, poner la mesa para cenar,... En definitiva, tenemos algo más de tiempo para fomentar su autonomía, prerrequisisto esencial para cualquier otro aprendizaje. No imaginéis estas situaciones de forma idílica. Habrá peleas, gritos, tambien prisas (menos). Habrá de todo lo de antes, pero la sensación para los niños será diferente porque estamos ahí, están con nosotros y tiene la oportunidad de vernos también jugando, dedicándoles tiempo que en situaciones normales no tenemos.


Ese tiempo crea un vacío en las familias. Y agobia, porque estar sin salir de casa por obligación, sin un final determinado y preocupados por la salud de los que nos rodean, es agobiante. Pero sinceramente creo que tenemos en nuestras manos la mejor de las oportunidades para jugar y crear un vínculo que cuando esto pase, quedará más grabado en el niño que cualquier actividad mandada por el cole.

Además, en nuestra cultura familiar hay juegos tradicionales para los que nunca hay tiempo o que se los han "comido" las pantallas. En ellos intervienen conceptos matemáticos, destrezas motrices y reglas que hay que respetar.  Y nos vamos a ver en la obligación de sacarlos porque son muchas horas por delante. Qué bien que no se pierdan y que aprovechemos para recordar juntos de quien los aprendimos. Y de paso, hablar con nuestros hijos de nuestro pasado, del pasado de su familia, contarles historias, ver fotos... Oportunidades para desarrollar el lenguaje oral.

Y por último, si estamos por casa, disponibles, habrá más ocasiones para que los niños pregunten y sus preguntas nos hacen aprender a todos. Hoy mi hijo me ha preguntado que a qué edad se deja de tener miedo. Y lo que he pensado es "Ójala siempre sientas que tengo suficiente tiempo para responder a tus preguntas".


...

Me despido dejando un acompañamiento para aquellas familias que lo necesiten. Yo no veo claro que se necesite mandar tareas escolares así que con mucho esfuerzo he retomado el canal de You Tube para contar algún cuento. Creo que no hay nadie mejor que un padre o una madre para contar un cuento a sus hijos. Pero siento que puede haber familias que, mientras dure esta situación, necesiten saber que alguien piensa en ellas y en los niños con los que llevábamos compartiendo ya seis meses. Con muchos defectos pero mucho cariño, para vosotras es.


                 

miércoles, 18 de marzo de 2020

Programación de la realización de las brochetas de frutas

Este curso me he propuesto ir recogiendo en documentos algunas propuestas que hago fuera de los libros de texto para poder compartirlas, recordarlas y mejorarlas en cursos futuros. En este caso he recogido todo el proceso que hemos desarrollado desde el día que recibimos la receta para hacer una brocheta de frutas hasta el día que salimos a la frutería a comprar los ingredientes y nos la comimos acompañados por nuestros familiares. Es una propuesta llena de maravillosas oportunidades para leer, escribir, calcular, contar...en contexto y con la que cerramos la unidad dedicada a la alimentación. Al final de la entrada tenéis el documento en pdf para descargar.

En la entrada Leemos y escribimos para hacer brochetas de frutas ya os conté cómo hicimos la actividad hace 3 años así que no me voy a detener mucho en ello.

En primer lugar, recibimos la receta en el aula. Sin nombrar la palabra "receta" preguntamos a los alumnos qué puede ser eso, qué creen que pone o para qué sirve. Anotamos sus ideas previas.


Después creamos una lista conjunta de lo que necesitamos para poder hacerla. Según el tiempo que tengamos, podemos hacer una lista más completa incluyendo platos, palos, servilletas, etc. Yo este curso tuve menos tiempo porque coincidió muy cerca de la celebración de Carnaval así que sólo escribimos la lista de las frutas necesarias.

Primero realizamos en un DINA3 la lista colectiva que véis. Salieron voluntarios a escribir los nombres de las frutas y dejamos un hueco para calcular y escribir después las cantidades. De acuerdo con el enfoque comunicativo, yo les animo a escribir "a su manera" el nombre de las frutas pero en este caso, las alumnas que escribieron, prefirieron copiarlos de la receta.

Después llegó el momento de calcular cuánta cantidad de cada fruta íbamos a necesitar y apuntarlo. En la receta no tenemos datos para saberlo y los niños suelen plantear cantidades "locas" con los números que conocen o sugieren comprar 20 piezas de cada fruta. Les expliqué que esto es mucho porque normalmente no desayunamos tanta fruta En la brocheta vamos a pinchar sólo trozos, así que necesitaremos menos.

Llamamos a mi compañera Isabel por teléfono y nos dijo que cada equipo debía comer 2 piezas de fruta de cada tipo. ¿Cuántas necesitaremos comprar entonces? Lanzar esta pregunta en el nivel de 3 años, cuando aún no han tenido mucha experiencia en la resolución de problemas, va a dejar pocos resultados lógicos así que lo que hicimos fué usar frutas de plástico. Nos las dejó Almudena mezcladas con animalitos por lo que, la primera tarea, fué separarlos.


Yo tengo el grupo dividido en 4 subgrupos (azul, verde, amarillo y rojo) así que dibujé en la alfombra cuatro cuadrados y marqué cada uno con una tarjeta de color. Tal y como nos había dicho Isabel, debíamos colocar 2 piezas de cada fruta en cada equipo. Ya esto resultó complicado para algunos niños pero fué precioso ver cómo los que estaban alrededor ayudaban a los que colocaban la fruta explicando verbalmente cómo debían hacerlo, rehaciendo los conjuntos de fruta para igualarlos y, en definitiva, poniendo en juego un lenguaje y unos procedimientos matemáticos muy ricos. Yo me limité a observar y sólo hacer preguntas o comentarios como "¿Crees que ya has colocado dos en cada equipo" o "cuando creas que has terminado puedes parar".


Matemáticamente es interesante que cojan las frutas de un recipiente en el que haya más de las necesarias. Si dejamos sólo las 8 que vamos a necesitar, el alumno deberá repartirlas (que tampoco está nada mal como propuesta); pero si hay más, él debe decidir cuando parar. Y el tomar esta decisión a mi me parece muy importante ya que no suele tener muchas oportunidades para hacerlo.

             
Una vez que tenemos dos piezas de cada fruta en los equipos, tenemos que contar el total que hay que comprar. Aquí hubo niños que primero sacaron todas las piezas de la misma fruta y después las contaron. Algunos, previamente, las colocaron en una fila. Otros niños las iban contando a medida que las sacaban de cada equipo de forma que una vez que habían juntado todas las mandarinas, ya las tenían contadas.


En esta fase, en general tuve que ayudar, porque aún hay alumnos con problemas de enumeración.

Después, los niños fueron escribiendo las cantidades en la lista de la compra. Algunos trazaban el 8 "a su manera" y otros necesitaban copiarlo.



-       En otra sesión, les proporcioné una lista vacía para que escribiesen la suya propia y poder llevarla a casa para repetir la receta.


¡Ahora nos tocaba salir de compras! Con idea de trabajar la escritura del nombre de manera funcional y significativa y tener organizado lo que va a hacer cada alumno el día de la salida a la frutería; realizamos también una lista entre todos de lo que debemos llevar y quién se va a encargar: bolsas, monedero, las listas, etc.

Para asignar quién llevaría cada cosa, lo que hice fué meter todos los nombres en un saquito. Después leíamos una tarea, un niño sacaba un nombre al azar para que la realizase, lo leía y el que le había tocado, escribía su nombre junto a lo que debía llevar el día de la salida. Ese mismo niño era el encargado de sacar del saco y leer el siguiente nombre.


Para que todos los niños tuviesen algún cometido el día de la salida a la frutería, también asignamos encargados de pedir cada fruta y de llevarla. Para esto último elegimos dos o tres niños para que se pudiesen repartir el peso.


¡Vamos a la frutería! Ese día repartimos lo que tiene que llevar cada uno y repasamos las normas fundamentales: andar despacio, saludar educadamente en las tiendas, tocar la fruta sólo con guantes, etc. En la frutería el encargado de pedir cada fruta "leyó" lo que necesitaba comprar y la cantidad e introdujo en la bolsa las piezas necesarias mientras todos le ayudábamos con el conteo.


Y por último...¡a comer! Al día siguiente de la salida invitamos a los familiares que pudiesen para ayudarnos a leer la receta y preparar la fruta.


Prepararon además unas actividades muy chulas sobre la pirámide alimenticia y los colores de las frutas y verduras. ¡Gracias!


La programación de esta actividad, detallando todas las situaciones de aprendizaje que han surgido durante el proceso de realización de la misma, está recogida en un documento que he creado y quiero compartir. Si vaís a hacer la actividad y os interesa, podéis descargarlo pinchando aquí o en la imagen. 

https://drive.google.com/file/d/1wBlTGNBNAo9qhwccJoGZSrLPJxAAMnbN/view?usp=sharing

martes, 25 de febrero de 2020

¿Cuántos libros de texto necesitamos en Educación Infantil?

Desde que llegué al cole en el que trabajo se ha debatido en muchos momentos sobre los libros de texto en Educación Infantil. Desde siempre hemos usado método globalizado y cuadernillos de lectoescritura. En mi opinión un número excesivo de fichas diseñadas por editoriales. Y a pesar de la formación que llevamos las compañeras que trabajamos juntas, está siendo difícil reducirlas de manera suficiente para dar predominancia a otras propuestas con más sentido o para dejar tiempo a los niños para crecer y adquirir todos esos hábitos y rutinas tan importantes en Educación Infantil sin tanta prisa. 

Los que me conocéis sabéis cuál es mi postura en esta “batalla” que pienso que, ya se alarga demasiado para los tiempos que corren y, más aún, cuando los cursos de formación y todas las investigaciones recientes sobre neuroeducación van en otro sentido.

Pero, cuando ya parece que nos hemos puesto de acuerdo en alguna medida sobre reducir la cantidad de libros siempre surge lo de “a ver cómo convencemos a...(compañeros, jefes, padres...)”. A mi siempre me parece “gracioso” lo de tener que convencer porque lo que me gustaría es que me convenciesen a mi de cómo dar sentido a fichas como estas.


Pero es verdad que me propuse tener una respuesta preparada para que el día que se presentase la ocasión. Y esto fue lo que salió:

"La elección no es entre libros de texto o proyectos. Lo que hay que tener claro es que para que un aprendizaje se dé de verdad debe tener sentido para el niño. Las actividades que veíamos en el grupo de trabajo de matemáticas [hicimos un grupo de trabajo hace dos años sobre propuestas tipo peticiones, ordinales, enumeración, taller de problemas, etc.] son todas para aprender el sentido del número: como ordinal, como cardinal, su escritura, etc. Planteábamos actividades, problemas, juegos…en los que el número aparece como necesario para poder jugar y ganar y por tanto el niño aprende qué es el número, para qué nos sirve; y el conteo y la escritura de los números adquieren todo su sentido. Si esas actividades predominan durante la jornada escolar es muy fácil después, poder dar sentido a una ficha en la que aparecen números con puntitos para repasar: “Chicos, vamos a practicar la escritura de los números para poder jugar a…” o “Vimos en el juego del cohete (peticiones) que ganaban los que apuntaban bien las pegatinas. Vamos a practicar un poco la escritura de los números para que todos entendamos bien las notas”. Y esas fichas, aunque sean menos que las que propone un libro de texto, van a tener un efecto mucho mayor sobre al aprendizaje ya que están plenamente dotadas de sentido. 


Si, sin una preparación previa buena, en la que haya aparecido el número 1 como necesidad, directamente decimos “Bueno, ya hemos hecho el 1 con nueces, ahora vamos a hacerlo en esta ficha de Nuba”, estamos entrenando a hacer fichas pero ni el 1 se aprende como número cardinal, ni la escritura de su grafía queda grabada en el niño hasta que se repita numerosísimas veces (que se aprenderá por repetición y no porque el niño entienda que su escritura va a proporcionarle ventajas). Con lo cual, perpetuamos los problemas de la falta de comprensión numérica, cálculo y resolución de problemas que se dan en primaria sobre todo.

Con la lectoescritura sucede lo mismo. Para que haya una verdadera formación de los alumnos como lectores y escritores, dando la capacidad de leer comprensivamente y de expresarse por escrito, no sólo escribiendo palabras o frases sueltas, sino construyendo textos (otros de los problemas con los que se encuentran algunos maestros de Ed. Primaria); debemos trabajar en situaciones reales de escritura y de lectura. Igual que sucede con las matemáticas, deben priorizar en la jornada propuestas basadas en el enfoque comunicativo. De este tipo son las que todos hemos escuchado todas en cursos de formación: escribir y leer carteles, notas, listas, cartas… aprovechando los momentos que surgen en la jornada escolar y sobre temas de interés para los niños. Y si esas actividades predominan, es fácil después dar sentido a las fichas de grafías, que también son necesarias porque escribimos para que se nos lea y comprenda. Igual que con el número, si de verdad el niño tiene una motivación previa, dada por la necesidad, para practicar una grafía, con menos fichas será más que suficiente para interiorizar el trazo correcto. Como métodos como Letrilandia son imposibles de hacer sin alguna motivación, se intenta obtener ésta de los cuentos y los personajes, creando una falsa ilusión de aprendizaje. Las letras son letras y tienen una importante función social y si ese aprendizaje queremos que sea estable a largo plazo, la motivación debe partir de ese uso social. 


Para hacer actividades que trabajen sentido del número (peticiones, pistas coloreadas, juegos de tablero, etc.) y el sentido de la lectura y escritura, se necesita tiempo. Si tenemos la presión de hacer 30 fichas por cuadernillo de un método globalizado más otras tantas de un método de lectoescritura, efectivamente no hay tiempo. Porque a su vez, a esas 30 fichas que apenas tienen conexión entre sí, hay que darles también algún sentido. Y estamos en una pescadilla que se muerde la cola trabajando de una manera ineficaz para el aprendizaje verdadero de los contenidos.

Pero, además, para hacer ese tipo de actividades funcionales, con sentido, etc. De las que hablamos, se necesita trabajar en pequeño grupo. Y tampoco es posible con la presión de tanto libro. Si no hay ese tipo de libros de texto y las fichas se reducen a aquellas a las que previamente les hemos dado sentido y que siendo pocas, van a ser más eficaces; podemos tener más sesiones de trabajo en equipos, rincones, talleres, y otras formas de trabajo que permitan realizar una mayor diversidad de propuestas que se hacen imposibles con todo el grupo.

Por supuesto, dentro de esta diversidad, tendrían cabida la expresión artística, el control corporal y otros contenidos fundamentales en educación infantil y que indirectamente tienen mucha relación con los requisitos previos necesarios para el aprendizaje de las matemáticas y lectoescritura.


Y, para terminar, dos cuestiones sobre las que se suele replicar al plantear la retirada o reducción de los libros de texto en infantil. La primera de ellas, la incertidumbre sobre dónde quedan todas esas fichas que trabajan conceptos espaciales, atributos de objetos o conceptos relacionados con el conocimiento del entorno. Está claro que ese tipo de fichas que vienen en los métodos se plantean como una mera evaluación de lo previamente trabajado con juegos, movimiento y manipulación pues es obvio que cualquier concepto de ese tipo no se puede aprender sobre papel. Lo que hay que plantearse es si es apropiado presentar esa ficha tipo examen (sin hacerla nosotros previamente y sin que puedan copiarse) y si nos va a dar, haciéndola así o de otro modo, una información real sobre lo que el niño sabe o no; o más bien sobre su capacidad para hacer fichas similares.
 

Y la segunda, es la preparación de cara a primaria. ¿Preferimos que lleguen los alumnos muy bien entrenados a realizar grafías sobre pautas, frases sin sentido y fichas en sí mismas? ¿O se puede dedicar a ello el primer curso de primaria si lo vemos necesario y que lleven una buena base en comprensión lectora, expresión escrita y conocimientos matemáticos?" 

[Está muy centrada en lectoescritura y matemáticas porque son dos áreas sobre las que actualmente se están realizando o diseñando planes de mejora en mi centro y porque, para que nos vamos a engañar, son los dos aspectos del desarrollo que más importan a todos aquellos a los que aún tenemos que convencer]