domingo, 25 de septiembre de 2016

La ola, de Suzy Lee

http://www.casadellibro.com/afiliados/homeAfiliado?ca=21002&idproducto=1225742En esta entrada os voy a recomendar un cuento que me parece una auténtica maravilla. No tanto porque a mi me guste (que me encanta) sino sobre todo por el impacto que genera en los niños que lo ven. Y digo lo ven porque no tiene texto. Hay veces que paso las hojas y simplemente disfruto de las caritas que ponen los mis alumnos a medida que avanza la historia.

Se llama La ola. La ilustradora es Suzy Lee y está editado por Bárbara Fiore Editora. Lo había visto varias veces en librerías pero no me atreví a comprarlo hasta este verano. Hace un año descubrí el blog Reality Bits y poco después lo encontré recomendado en la entrada "Mi particular selección de cuentos"

Creo que tenemos el deber de presentar a nuestros alumnos una buena selección literaria, por supuesto en cuanto a texto pero diría que casí más aún, en cuanto a ilustración.  Están continuamente percibiendo imágenes de colores chillones, estridentes, que pasan a mucha velocidad por los móviles y tablets de sus padres, dibujos estereotipados que presentan casitas con tejados de pico, imágenes de animales con ropa y caras "humanas"... Vamos a parales, sentarles y simplemente pasar hojas a su velocidad, a la que necesitan para VER. Para ver imágenes bonitas, que inviten a ser disfrutadas, que dejen al niño construir la historia que cuentan.

La ola está ilustrado en sólo dos colores. El formato es apaisado y las ilustraciones ocupan la doble página pero empleando la línea de la encuadernación como parte del dibujo y de la historia. En el comienzo, la acción tiene mucho peso en el lado izquierdo, que contiene los motivos dibujados a lápiz con bastante definición.


Cuando la niña se atreve a bañarse "pasa" al lado derecho del libro y la ilustración cobra intensidad en este lado, presentando más fuerza en los trazos, enfatizando que hemos llegado al punto álgido de la historia. En el lado izquierdo se desdibujan los trazos.


Y llega "la ola" y la imagen, más detallada ahora, huye hcia el lado izquierdo.



Y justo en el momento de mayor tensión para los lectores, el agua inunda las dos páginas para dejar después a la niña empapada de nuevo en el lado izquierdo.


El agua pierde ahora algo de protagonismo pasando el azul a un cielo antes sin color y llevar toda la atención a los movimientos de la protagonista.


Y así van cogiendo fuerza de nuevo los tarzos del lado izquierdo hasta terminar en una panorámica de la playa que pone fin a la historia.


Se lo conté a mi hijo varias veces antes, durante y después de ir a la playa y le encantó. Las primeras veces no le decía casi nada. Yo pasaba las hojas y algunas veces añadía alguna palabra como "playa", "agua", "ola" o "conchas". En sucesivas "lecturas" era él el que añadía otras que conocía y en otras ocasiones el narraba yo la historia con onomatopeyas marinas y un poquito de vocabulario nuevo.

A mis alumnos de 3 años se lo presenté varias veces durante el periodo de adaptación, cuando aún la playa era una experiencia reciente. Al principio sin decir nada, depués imitando el sonido del viento, el mar y las olas y las últimas veces narrándoles la historia y dejándoles que anticipasen lo que iba a pasar. Era muy curioso como en las primeras "lecturas", en las que sólo veían las ilustraciones, ellos iban haciendo comentarios como "no se atreve a bañarse", "lleva vestido" (claro, les choca que se meta al agua sin bañador),... Como es un libro muy expresivo en cuanto a ilustración, otras veces les hacía yo preguntas del tipo "¿cómo se lo está pasando aquí la niña?, ¿está aburrida?, ¿creéis que aquí tiene miedo?, ¿qué le pasa en este dibujo?..."

Un recurso de éxito a la hora de contar cuentos es el de vincular la lectura con algún objeto real que aparece en la historia y que sale del libro como por arte de magia para que lo podamos tocar. Es una pena pero a veces vamos tan deprisa en las clases que no tengo tiempo para buscar siempre objetos de los cuentos que contamos. Pero en este caso había recogido conchas este verano en la playa. Para los niños, son las conchas que la niña recoge al final del cuento. Fue una sensación increíble cuando estaban boquiabiertos ya llegando al final de la historia y oyeron el sonido de las conchas agitarse en el bote de cristal (es un sonido precioso, por cierto).

Y aproveché para repartirlas e invitar a los niños a agitarlas en sus manitas para escuchar el sonido que hacían. Un niño se la ponía en la oreja para oír el sonido del mar, como si fuese una caracola, y en seguida los que estaban a su lado le imitaron. Todos querían las conchas más grandes y cuando ya estábamos medio grupo y solo podía darles una cocha a cada uno, algunos me pedían dos y otros "muchas". Así que estos momentos me sirvieron también para observar el nivel del grupo en cuanto a uso de conceptos como grande/pequeño, uno/dos, más/menos, etc.

En una lectura posterior, tras repartir las conchas les propuse hacer unos collares preciosos. Dibujé una cuerda grande y otra pequeña en la alfombra y sin decir nada les dejé que uno a uno fuesen dejando su concha en el collar que creían que correspondía. ¡Y nos salió una bonita clasificación por tamaño!


Tengo poquitas fotos porque os podéis imaginar que en el periodo de adaptación de 3 años no me queda mucho tiempo para usar la cámara. Aún así os recomiendo que incorporéis La ola a la biblioteca, lo contéis y os dejéis llevar por lo que pase en vuestras clases.

jueves, 15 de septiembre de 2016

¡¡Me encanta colorear!! Algunos materiales para Educación Infantil y Primaria

Es verdad, me encanta colorear. A mis alumnos les hace mucha gracia cuando se lo digo y en 5 años me lo preguntan de vez en cuando, como si necesitasen asegurarse que es cierto. Les debe parecer increíble que a su profesora le guste tanto algo que ellos tienen que hacer una y otra vez en sus fichas. A veces me piden que coloree dibujitos porque les parece algo mágico. Para mi es muy placentero y relajante y creo que estéticamente es adecuado que un trabajo quede bien coloreado, así que suelo dar importancia a que mis alumnos lo hagan lo mejor posible.

Ahora se han puesto muy de moda los libros para colorear para adultos e incluso unas super láminas, casi como manteles, para colorearlas en grupo. ¡Me encantan! Por las redes sociales ya os conté que me regalaron uno de estos libritos y he disfrutado con él algún ratito del verano.

Así que en esta entrada os voy a recomendar instrumentos para colorear que he probado y me encantan. Algunos son para niños mayores (y sus maestras, jeje) y otros son más adecuados para alumnos de Educación Infantil. Todos son de la marca Stabilo, que para mi es de las mejores, sobre todo porque a los lápices de colores no se les rompe casi nunca la punta y eso es la mejor caracteristica que para mi debe tener este material. 

¡Vamos allá! Para niños de primaria y amantes del dibujo:

1. Lápices COLOR. Son los típicos lápices hexagonales finos para colorear dibujos pequeñitos con precisión. Yo tenía de pequeña la caja de 36 pero los colores que vienen en la de 12 son maravillosos. Y lo mejor, después de haberlos usado muchos años, puedo decir que no se les parte la punta casi nunca (yo creo que nunca, pero por si acaso...)


2. Lápices TRÍO. Son también finos y los colores son parecidos a los anteriores pero en este caso la sección es triangular lo que favorece que los niños los cojan  correctamente.


3. Rotuladores TRÍO A-Z. Pintan taaan bien que no puedes parar de colorear sin más. Lo que más me gusta es que en superficies grandes apenas se notan los trazos y esto es ideal para las maestras, que a veces tenemos que colorear cosas grandes para el aula y da mucha rabia que no quede el color uniforme. La selección de colores es genial y en la caja de 12 incluyen un rosa y amarillo fluorescente y ¡color carne! Que rabia me daba cuando era pequeña que con rotuladores solo se pudieran pintar caras rosas o naranjas...



Por cierto, la sección es circular excepto en la zona de agarre, que es triangular.

Y para nuestros alumnos de Educación Infantil...

1. Lápices EASYCOLOR. A mi personalmente con los alumnos de 3 años no me gusta usar lápices de colores porque aún no suelen tener mucha fuerza en los dedos y les cuesta que salgan colores vivos. Y a veces, por intentarlo, cogen mal los útiles de escritura así que prefiero tabajar primero la fuerza en "la pinza digital". Cuando creamos oportuno comenzar, estos lápices son ideales porque apretando poquito sale el color bastante bien y tienen hendiduras antideslizantes, que facilita que lo cojan mejor y no se cansen tanto. Son gorditos pero con el sacapuntas grueso estándar de Stabilo se les saca punta fenomenal (de todas formas, en la caja de 12 viene incluído)


2.Lápices TRIO GRUESO. Estos son los que a mi me gusta comprar para mis alumnos de 5 años ya que les ayudan a colorear con precisión pero siguen siendo gordos y triangulares, lo que facilita que los cojan bien. ¡¡Y los colores es que son taaan bonitos!!  A mi me gusta mucho que cubren fácilmente las superficies y quedan genial los dibujos tanto apretando, que obtenemos el color más vivo, como pasando el lápiz suavemente. En 5 años ya podemos enseñar a los niños a crear estos matices y que enriquezcan muchísimo las tonalidades de sus dibujos.


Para llevar en el bolso y que nuestros hijos (o nosotros) podamos colorear en cualquier sitio, existen los  TRIO GRUESO CORTO, que son iguales pero más cortitos.


Yo los he usado varios años en el cole y como ya os he dicho, lo mejor es que la punta se parte poquísimo. A estos un poco más porque los niños a veces aprietan demasiado y si sacan ellos punta no meten el pápiz totalmente recto en el sacapuntas. Es cierto que son un poco más caros que los de otras marcas pero en mi opinión merece la pena porque duran mucho más que otros que cada vez que vas a sacar punta se te parte 3 veces y en una semana "te los has comido".


3. Rotuladores TRIO SCRIBBI. Son perfectos para los niños de 3 años porque son triangulares y muy gordos y lo mejor es que la punta es de acero y no se aplasta cuando dan golpes para pintar haciendo puntitos. Como este año empiezo con alumnos de esta edad, haré algún trabajo con ellos y ya os enseñaré las fotos. De momento os dejo una mía.


4. Rotuladores POWER. ¡¡Pintan genial!! Y los colores son preciosos. La sección es circular y no muy gruesa pero la punta si es gorda así que son perfectos para niños de 4 a 6 años. Lo que más me gusta es que en superficies grandes no se notan nada los trazos, lo cual con los rotuladores a veces es complicado.


5. ¡¡Y la joya de la corona!! Lápices WOODY. Son súper gordos, de madera y con una punta muy gordita. Estos sí son adecuados a partir de 3 años porque pintan con colores vivos apretando muy poquito ¡e incluso sobre cartulinas de colores oscuros!. Pero lo mejor es que son acuarelables (se convierten en acuarela al pasar después un pincel con agua) y ¡¡pintan sobre cristal!!.


Como estamos en pleno periodo de adaptación sólo los he usado yo para pintar la puerta de la clase. El dibujo no es muy original ¡¡pero a mi me encanta!!. Y lo mejor es que se quita con un paño húmedo. Así que estoy deseando que sean los propios dibujos de los niños los que les den al bienvenida a su clase.


Estos lápices sí necesitan un sacapuntas especial que viene en la caja. Una vez que mis alumnos se adapten a su nueva clase, haré algún trabajo con ellos y ya os lo enseñaré.








6. Y por último, aunque no es para colorear propiamente, en mi cole usamos mucho los lápices EASY GRAPH con hendiuras de madera para facilitar el agarre correcto. Los hay finitos y más gruesos para empezar en Infantil.


Pues nada, esta es mi selección de material para colorear y ya tengo ganas de que mis alumnos empiecen a disfrutar alguna de estas cositas. Por cierto, las plantillas para hacer los menús de mi casa son de una ilustradora que se llama Almu Ruiz, que me encanta. Podéis ver su web y descargar las plantillas aquí.


miércoles, 7 de septiembre de 2016

¡Vamos al cine!: me sobran, me faltan, uno más, uno menos, tantos como

Me encanta fomentar que los niños traigan a la clase cuentos de su casa. A ellos les gusta mucho que esas historias que les leen mamá y papá, se las cuente su maestra y las escuchen también sus compañeros del cole. Favorecemos el gusto por la lectura y nos aproximamos a la literatura infantil. Pero entre álbumes ilustrados maravillosos, cuentos que son un descubrimiento también para mí y los típicos libritos que intentan enseñar colores, números o formas; entran en la clase con frecuencia adaptaciones al papel de la película o serie infantil de moda. Aunque yo tengo mis preferencias literarias, no está mal que traigan de todo pues para aprender a ser críticos hay que conocer cosas que nos gustan más y menos y de mayor o menor calidad. Y si queremos fomentar el gusto por la lectura, es bueno dar importancia a todos los tipos de texto y formatos literarios. 

El problema es que a veces este tipo de libros (que en realidad son como capítulos de la serie o resúmenes de la película) no son muy adecuados para contarse en clase a niños de 3 a 6 años por ser demasiado largos, densos o no tener un hilo argumental claro, sobre todo si no se conocen la película o los personajes. Así que para no rechazarlos directamente ni tampoco dedicar mucho tiempo a leerlos y que los niños se aburran, les explico que como no son cuentos verdaderos sino que son de una película, vamos a jugar a que vamos al cine.

Les digo que saquen unas monedas imaginarias del bolsillo para pagar la entrada, bajo la luz, tarareo una melodía como de comienzo de película y empiezo a pasar las páginas del libro lentamente mientras los niños las miran en silencio como si estuviesen de verdad en el cine. Y cuando acabamos, suelen aplaudir y aumentamos la luz de nuevo. 

Les encanta alternar cuentos contados con "ir al cine" así que el curso pasado hice una adaptación de esta actividad para trabajar en contexto con mis alumnos de 5 años los conceptos sobran/faltan (que les cuestan bastante) y uno más/uno menos/tantos como. Fue previa a la de la tienda que os conté en la entrada  Economía de fichas: la tienda.

http://www.aprendiendoeninfantil.com/2016/06/economia-de-fichas-la-tienda.html

Una mañana hice un cartel de nuestro cine con los precios y lo colgué en la zona de la asamblea antes de que entrasen. En seguida algunos niños se dieron cuenta de la novedad así que les pedí que leyesen lo que ponía y les expliqué el juego. En las primera sesión repartí a cada niño un número distinto de monedas de 1 euro que tengo plastificadas para usar en diferentes juegos. El reparto lo hice de tal manera que a algunos niños les fuesen a faltar monedas, a otros les sobrasen y una minoría tuviese el dinero justo.


Abrí el cine, me coloqué en la taquilla con el cuento-película y les dije que quien quisiese ir al cine ya podía venir a comprar la entrada y, si quería, también palomitas. Según venían les preguntaba la edad y si querían palomitas. Intentaba que calculasen ellos el total pero a veces se agobiaban con la emoción y no eran capaces. En esos casos se lo decía yo y les pedía las monedas. Ahí se daban cuenta de si les sobraba algo o no. En las primeras sesiones lo verbalizaba yo: "Te sobran 2" o "Anda, tenías justo el dinero que necesitabas". Los que no tenían bastante no solíán decirlo ellos sino que se quedaban mirando sus manos como pensando "¿y ahora qué pasa?" Entonces les preguntaba si les faltaban monedas e intentábamos averiguar juntos cuántas. Una vez que lo sabía, el propio niño se las pedía a algún alumno de los que ya habían pagado y tenía monedas de sobra.

Como esto se alarga bastante, en la primera sesión vinieron sólo algunos niños voluntariamente. Cuando ya decayó la atención, "empezó la película" (que dejé que vieran todos pero que tendrían que pagar después) y con los que quedaban jugamos en otra sesión.

Jugamos varios días porque les gustaba mucho pero en las siguientes sesiones debían calcular ellos el pecio total y decirme las monedas que les sobraban o faltaban.

Y después, para trabajar los conceptos uno más/uno menos/tantos como, lo que hice fue colocar las monedas en el centro de la alfombra e ir pidiendo a los niños que saliesen a coger ellos monedas según la consigna que les decía. Por ejemplo, comenzaba yo cogiendo 4 monedas. A continuación pedía al niño de mi derecha que cogiese una moneda más que las que tenía yo, luego al niño siguiente que cogiese tantas como tenía su compañero, al siguiente que cogiese una menos que las que tenía yo, etc. Y una vez que teníamos todos el dinero, podían venir ya al cine a comprar entradas y palomitas. Como el proceso es largo, jugábamos en ratitos durante varios días, cogiedo cada día monedas y comprando sólo algunos niños.


Una vez que les vi familiarizados con el juego, dejé también monedas de 2 euros pero creo que no pude dedicar el tiempo necesario a que entendiesen la equivalencia porque les resultó complicado usarlas.


Aún así es un juego sencillísimo que les encanta y que se puede adaptar fácilmente a 3 años (con monedas imaginarias), a 4 años (con cantidades pequeñas y poniendo en juego menos conceptos) y a diferentes contenidos y grados de dificultad en 5 años.

martes, 30 de agosto de 2016

Transformando formas geométricas

¡Ya no queda nada para volver al cole! Mientras busco en otros blogs ideas nuevas para llevar a mi clase, os dejo una actividad muy sencilla pero que nos hizo pasar un rato muy divertido, y por tanto lleno de aprendizaje, el curso pasado.

En mi aula, en la zona de la asamblea, tenemos las típicas colchonetas azules grandes que se unen con velcros. ¡Y me encantan! Porque además de servir para estar sentados en un espacio acotado, son un excelente soporte para un montón de actividades que hago en esta zona con todo el grupo. Tienen la maravillosa propiedad de poder pintar en ellas con tiza y después pasar un trapo húmedo y que queden como nuevas. Así que se convierten en una pizarra gigante a nivel del suelo que nos da la posibilidad de interaccionar con lo dibujado en ella y con materiales que en vertical se caerían. Además, es una pizarra que vemos todos bien sentados en círculo, pudiendonos mirar a la cara unos a otros y a la vez dialogar sobre lo que pasa en este escenario, tan sencillo pero tan polivalente.


Hasta ahora la he usado para ordenar secuencias dibujando en ella los espacios y ordinales de las imágenes que posteriormente colocábamos; para montar una calle con distintos comercios; para dibujar una estación  de autobuses-regletas;


para trabajar conceptos como ancho-estrecho o largo corto dibujando caminos para que viajase la mascota del aula; para recrear la mesa de un restaurante que los niños debían servir con todo lo necesario;


 para trazar números y letras; para resolver problemas; etc.


Y uno de los últimos días del curso pasado se me ocurrió un juego con el que nos divertimos muchísimo y que resultó muy interesante tanto matemáticamente como para potenciar el trabajo en parejas. En realidad no es nada novedoso pero yo hasta ahora había hecho la actividad de forma individual y sobre papel, lo cual no resulta tan motivador.

Nos sentamos todos en la alfombra y repartí una tiza para cada pareja de niños sentados juntos. Por cierto, aprovecho para deciros que pintan mucho mejor los colores claros de tiza que las blancas, que no se por qué, pero patinan sobre la alfombra. Sin explicar nada más, dije que los niños que tuviesen tiza dibujasen un cuadrado sobre la alfombra. Cuando vi que todos habían terminado les dije que pasasen la tiza a su pareja, la cual debía transformar ese cuadrado en un libro.



Algunos niños vieron claro que si pintaban otro cuadrado al lado ya tenían un libro abierto, otros interpretaron el cuadrado como la portada y otros necesitaron escribir "libro". Algún alumno decidió que el cuadrado de su compañero no le valía para obtener el libro que tenía en mente, lo borró y dibujó el que le permitía llegar al resultado final que buscaba. El hecho de estar todos los niños sentados en círculo en un espacio no muy grande a mi me permitió observar con detalle todo el proceso, mirar a las caras a cada uno de ellos mientras pensaban y dibujaban, y ver rápidamente el resultado de todos sus trabajos. Esto a veces es complicado si trabajan todos a la vez en sus mesas y sillas y nos perdemos detalles importantes.

Los alumnos que habían hecho la transformación del cuadrado en libro y que tenían ahora la tiza, dibujaron un triángulo. Es curioso como algunos niños intentan dibujar el típico triángulo "de libro" sin darse cuenta de que un triángulo muy alargado o uno con uno de los lados muy pequeñito, también son triángulos. Cuando todos quedaron satisfechos con sus formas, les pedí que le diesen la tiza a su pareja para que ésta transformase el triángulo en un helado.


Cualquiera de nosotros dibujaríamos las bolas sobre la base del triángulo pero, por otro lado, sabemos que las bolas deben ir en la parte de arriba del cucurucho. Fué muy interesante ver cómo esto generó algún conflicto. Algunos niños no tuvieron problemas en pintar las bolas en la base, aunque el helado quedaba dibujado al revés respecto a su situación en al alfombra.


Otros añadieron las bolas en la parte de arriba a pesar de parecer que estaban "pinchadas" en el cucurucho.


Y otros directamente borraban el triángulo y dibujaban uno con la base hacia arriba para añadir las bolas después y que quedase un helado perfecto.

Por último, los niños con tiza dibujaron un círculo que su pareja debía transformar en un cerdito.


El tiempo se nos terminó pero sería fácil seguir con más formas geométricas y con objetos en los que transformarlas. Yo, como era la primera vez que jugábamos propuse transformaciones sencillas pero sería muy interesante proponer transformar el círculo en sombrero o un rombo en un barco pirata. Y aunque yo hice el juego con alumnos de 5 años podría adaptarse fácilmente a niños de 4 años.

lunes, 4 de julio de 2016

Déficit de atención con hiperactividad. Manual para padres y educadores

http://www.casadellibro.com/afiliados/homeAfiliado?ca=21002&idproducto=619867En esta entrada voy a recomendaros un libro que yo uso muchísimo por si queréis echarle un vistacillo durante el verano. Se llama Déficit de atención con hiperactividad. Manual para padres y educadores. La autora es Isabel Orjales Villar y está editado por CEPE.

Aunque por el título parece que va dirigido a niños con déficit de atención e hiperactividad, ofrece pautas concretas para abordar numerosas situaciones que se dan habitualmente en las aulas o en casa con nuestros alumnos e hijos con o sin dicho diagnóstico. A mi me ha ayudado a modificar conductas inadecuadas en alumnos con déficit de atención con y sin hiperactividad pero también a trabajar en determinados momentos con el resto del grupo (por ejemplo, aplicando la técnica de economía de fichas para que hablasen menos como os conté en la entrada anterior).

El libro se divide en cinco partes. En la primera, Entendiendo el déficit de atención con o sin hiperactividad, explica, entre otras cosas, qué es la hiperactividad, en qué medida pueden influir en su origen la genética o el ambiente, y explica brevemente sus bases neurobiológicas.

La segunda parte describe las características del niño hiperactivo divididas en tres partes, la conducta, el funcionamiento cognitivo y el desarrollo socioemocional. Y a continuación, en la tercera parte o cómo saber su mi hijo o alumno es hiperactivo, nos da algunas claves para el diagnóstico. Aunque en esta tercera parte se incluyen algunos test (o muestras de ellos) que utilizan los expertos para realizar el diagnóstico, no se pretende que los padres o maestros los apliquen tal cual con los alumnos. Creo que simplemente es interesante conocer, primero qué características nos pueden indicar que algo no va bien para intervenir lo antes posible y después, qué partes va a tener el protocolo para el diagnóstico, que llevará a cabo un profesional.

Las partes cuarta y quinta son las más interesantes para aplicar en el día a día del aula y de casa y son las que yo suelo releer. La cuarta parte del libro incide en el tratamiento del niño hiperactivo subdividido en: el papel de los especialistas, el del profesor y el de los padres. Si leemos el índice de estos dos últimos apartados nos damos cuenta de que las propuestas pueden servir para trabajar con todos nuestros alumnos o hijos. Por ejemplo, para los pofesores se proponen, entre otras cosas: modificar las condiciones del ambiente, estructurar la tarea en tiempos cortos, técnicas comportamentales aplicadas al aula, autorrefuerzo positivo colectivo, nuestro papel como modelo de conductas reflexivas y de autocontrol, realizar "El protagonista de la semana" y la "Técnica de la tortuga".


















Y para los padres, entre otras cosas, proporcionar un ambiente familiar estructurado (con claves para prevenir posibles situaciones problemáticas como por ejemplo un viaje en coche demasiado largo), no activar al niño con su comportamiento, poner límites claros y adecuados a la capacidad del niño, favorecer la autonomía personal de éste, crear buenos hábitos de estudio o reforzar la autoestima. Todo ello explicado de forma muy clara y con ejemplos muy concretos y reconocibles en el entorno familiar.

La quinta parte, titulada Soluciones para los problemas más inmediatos nos ofrece eso mismo, soluciones para un montón de situaciones problemáticas concretas que se dan en casa o en el aula. Se subdivide en 6 apartados:

1.  Cómo poner límites educativos: el problema del control del comportamiento, en el que nos habla de los premios y los castigos con detalle.
2. Cómo mejorar la conducta en casa, con pautas para actuar, por ejemplo, con niños que piden las cosas de malos modos o "lloriqueando", que se portan mal en los cumpleaños, que no paran quietos en un restaurante y acaban tirando cosas, que no recogen o que olvidan los libros que tienen que traer del cole para hacer los deberes.
3.  Cómo mejorar la conducta en clase, con pautas para ayudar, por ejemplo, a alumnos que no terminan las tareas, que se levantan continuamente, que se dispersan con facilidad, que molestan a los compañeros de mesa, que hacen gracias para que todos se rian de él o que siempre quieren ser los primeros en la fila y eso ocasiona peleas con otros niños.
Los apartados 2 y 3 me parecen muy muy útiles para el trabajo en el aula de infantil.
4.  El apoyo a los aprendizajes: soluciones, para la mala caligrafía, las faltas de ortografía, el rechazo a la lectura o la lectura lenta, la mala comprensión de instrucciones escritas o las dificultades para realizar problemas matemáticos.
5. Cómo ayudarle a mejorar sus relaciones con los compañeros, mejorando la percepción social, entrenando en solución de problemas sociales, en habilidades sociales básicas y en resolución de conflictos. Este apartado es muy interesante aunque quizá está más enfocado a alumnos de primaria o cursos superiores. No obstante es fácilmente adaptable a alumnos de infantil bajando el nivel de las propuestas y los problemas presentados.
6. Como disminuir la hiperactividad motriz: la relajación y otros trucos.

Por último se incluyen 9 anexos, entre los cuales me parecen especialmente útiles una guía por edades (de 3 a 8 años) para la exigencia de hábitos de autonomía y una recopilación de estrategias para la solución de problemas sociales.

Para mi es un libro muy útil así que tanto si teneís alumnos o hijos diagnosticados con déficit de atención con o sin hiperactividad o que sospecháis que puedan tenerlo, como si sois maestros; os recomiendo que echéis un vistazo al libro cuando paséis por una librería porque quizá os pueda resultar de gran ayuda.

¡Feliz verano y nos vemos en septiembre!

[El libro está disponible en la tienda online de la Casa del Libro y podéis acceder pinchando aquí o en la portada]

domingo, 19 de junio de 2016

Economía de fichas: la tienda

No me gusta que pase tanto tiempo entre las entradas pero he estado muy ocupada organizando el final de curso. Cierro una etapa con mis alumnos de 5 y 6 años y ya pasan a Primaria. Así que en esta entrada voy a contaros como ha resultado una actividad que hemos realizado desde hace algo más de un mes y que terminará el mismo día que nos despidamos.

Este grupo ha sido muy muy muy hablador. Había probado un montón de estrategias para disminuir esta conducta en los momentos en los que no era adecuada pero todo funcionaba sólo unos días y después volvíamos a estar igual. Empecé a trabajar con el semáforo de la conducta que véis en la imagen, colocando en el amarillo a niños que hablaban en momentos que no debían y en rojo si seguían repitiendo la conducta. Cuando dejaban de hablar pasaban del rojo al amarillo y de éste al verde. El hecho de verse en otro color que no era el verde no les gusta nada y eso es lo que hace que se controlen. Nunca lo había probado y funciona muy bien en general pero en mi caso, encontré dos problemas. Por un lado, algunos niños estaban todo el día oscilando entre el amarillo y el verde pero no hablaban menos cuando no debían a medio plazo. Por otro lado, había  momentos, por ejemplo a la hora de recoger, en los que casi todos los alumnos se ponían a hablar unos con otros y no recogían. Ahí pasaba a casi todos al amarillo y no sé si por el hecho de verse "acompañados" en este color, no surtía tanto efecto como cuando iban de uno en uno. Y por tanto, al día siguiente a la hora de recoger, volvía a pasar lo mismo. Así que después de mucho pensar y de probar y probar cosas, comencé a hacer un sistema de economía de fichas individual basado en el semáforo.

A cada alumno le fabriqué un monedero de cartón y les expliqué que ahí iban a guardar monedas (gomets circulares con un número 1) que irían ganando durante la semana si no hablaban. El monedero lo colocaban siempre en su cajonera. Las monedas las ganarían en tres momentos del día:  antes de ir al recreo, antes de ir a comer y antes de irnos a casa; siempre y cuando, en el momento del reparto de monedas, no estuviesen en el punto amarillo del semáforo. Y ¿cuándo no se puede hablar? En la asamblea consensuamos los momentos de silencio que véis en la imagen. 


De esta forma, si dos niños se ponían a hablar mientras su compañero nos contaba algo en la asamblea de la mañana, iban al punto amarillo. Y aunque a continuación se callasen permanecían ahí hasta el siguiente reparto de monedas. Antes del recreo daba monedas a los que en ese momento estaban en el verde y después, ya todos pasábamos a este color. Si esos niños que habían hablado seguían haciéndolo, pasaban al rojo pero entonces, al terminar el reparto de monedas, volvían al amarillo y tampoco ganaban monedas en el reparto de antes de comer. 

¿Y qué cosas podían comprar con las monedas? En una caja monté una tienda con cosas que tenía en la clase y en mi casa y les puse precios.


La compra podrían hacerla los jueves a primera hora de la mañana mediante una lista, en la que tenían que poner el producto que querían comprar y su precio. Si querían varias cosas debían apuntarlas y realizar la suma. Si no tenían dinero suficiente para lo que querían, podían ahorrar hasta el siguiente jueves.


A los niños les entusiasmó la idea y comenzamos a "jugar" con una mejora enorme en su conducta "demasiado habladora". Así que en seguida me di cuenta de que los precios eran muy bajos y que con tanta motivación casi todos los niños podían comprar el producto más caro los jueves a pesar incluso de haber estado algunas veces en el punto amarillo. Yo quería que siempre huibiese algo que todos pudiesen comprar pero que para conseguir los objetos más caros necesitasen contenerse y no hablar en los momentos que más les costaba. Así que nos llegó una carta en la que se nos informaba de que había subido el precio de la gasolina y las cosas de la tienda tenían que ser más caras, concretamente 3 monedas más. Asi que ¡manos a la obra! Entre todos fuimos calculando cuanto debía costar ahora cada cosa y escribieron una nueva lista de precios.

 
Y además de que ahora hablen menos (veremos a ver después del verano...), ¿qué más hemos trabajado? Muchas matemáticas y lectoescritura. Los jueves por la mañana, nada más llegar a la clase, los niños que querían comprar se sentaban en su sitio con un papel para hacer la lista. El resto podía leer un cuento o ayudar a algún niño con su lista. Como la tienda estaba abierta podían ir a ver los productos para decidir lo que más les gustaba.


Mientras escribían la lista mejoraban sus capacidades lectoescritoras de un modo absolutamente funcional. Después debían venir a la tienday ahí estaba yo para darles sólo lo que venía anotado y cobrarles el precio que habían escrito si coincidía con el de la etiqueta. Antes de darles su compra les preguntaba "¿Tienes las monedas justas, te sobran o te faltan?". Parece una pregunta sencilla pero les cuesta muchísmo contestarla. Nunca me decían que les faltaba porque si era así y lo hubiesen sabido, no hubiesen venido a comprar ese producto. Si no tenían suficiente solía ser por errores de conteo. Y si me decían que les sobraba, les preguntaba "¿Y cuántas te sobran?". Si tenían más de 10 monedas no solía ser fácil contestar. Así que les ayudaba enseñandoles a contar a partir de un número. Por ejemplo, si un niño quería comprar una canica que vale 14 y tiene 20 monedas, le enseñaba a ir poniendo dedos diciendo "15, 16, 17, 18, 19 y 20" y contando después los dedos que había puesto. Una pena que ya se acabe el curso y no hayan cogido mucha soltura en este procedimiento, de una manera tan funcional y en un contexto tan cotidiando como una tienda.

A algunos niños que no entendían bien el concepto de "sobrar" les tachaba con un rotulador las que se iban a gastar.

Después, si habían comprado algo barato le despegaba las monedas del monedero pero si se había gastado muchas, un ayudante (algún niño que no comparse nada ese día) pegaba en un monedero nuevo las monedas-pegatinas que le sobraban. Yo les daba su compra, la lista y el cambio y se iban tan felices.

Hemos trabajado el conteo durante toda la semana, porque les encantaba sacar sus monederos, contar su dinero, comparar lo que tenían con sus compañeros y calcular lo que les faltaba para comprarse lo que querían. Y para estas dos últimas cosas han hecho además muchísimas restas sin darse cuenta. También han contado conmigo en el momento de comprar. Cuando tenían muchas pegatinas-moneda (más de 15) y no estaban ordenadas les costaba mucho contarlas (a mi también) así que lo hacíamos juntos varias veces hasta que nos aclarábamos. A los niños más ahorradores y que menos hablaban intentaba pegárselas en filas de 5 en los momentos de reparto, lo cual facilitaba la tarea de contar su dinero.

Y cuando querían comprar varias cosas debían realizar una suma y expresarla de forma adecuada.


Cuando comencé a pensar en la actividad y preparar los productos pensé que todos los jueves los niños iban a querer comprar mucho. Sin embargo, me ha sorprendido encontrar dos actitudes diferentes. Por un lado, hay niños que cada jueves compran algo sin importarles dejar su monedero vacío; y por otro, niños muy ahorradores que les encanta ver el monedero siempre lleno de monedas y que no compran si no les van a sobrar al menos 7-10 monedas. Viendo que estos niños tenían muy lleno el monedero y para sacar más partido matemático a la actividad, pensé que podriamos introducir monedas de otro color con un 2. Yo quería que saliese de ellos la necesidad y dado que quedaba una semana de curso decidí no propiciarlo y seguir igual. Pero justo el jueves pasado me dijo una niña: "¿Por qué no haces monedas con un 2? Como los euros que hay con un 1 y con un 2". Casi me pongo a llorar de la emoción. Tenía en mis manos una excelente oportunidad para hacer una continuación matemáticamente preciosa de la actividad y sólo 4 días de curso, uno de ellos con la graduación y otros dos de fiestas varias. Así que el martes hacemos liquidación en la tienda para que se gasten el dinero que les quede en los monederos, sólo ocupados por monedas de 1.

Tenemos un trabajo tan bonito que aunque intentemos cerrar etapas con los niños, si aprenden a pensar, a opinar, a aportar... corremos el riesgo de que el último día de cole nos dejen las puertas abiertas de par en par. Ellos se van con ganas de aprender más y nosotros con ganas de enseñar a los siguientes alumnos lo que nos ha faltado esta vez.