jueves, 15 de noviembre de 2012

Más que premios y castigos

En esta entrada os quiero invitar a leer un excelente artículo que se publicó hace unas semanas en el suplemento El País Semanal, en la sección de psicología: Más que premios y castigos. Os recomiendo que lo leáis, pinchando en el nombre o en este enlace: http://www.slideshare.net/emekoo/ms-que-premios-y-castigos-el-pas-semanal

No aporta nada realmente novedoso o que no hayamos oído antes, pero sirve para recordarnos que los niños con los que trabajamos están dispuestos a hacer lo que sea por ganar nuestra aprobación. Buscan algún momento cada día para estar cerca, cuanto más mejor, de sus adultos de referencia. luchan por complacer a los padres y maestros con los que comparten su jornada. 

Y a veces les regañamos por algún mal comportamiento que se podría haber evitado simplemente diciendo algo bonito al niño cuando entra por la puerta o alabando alguna de sus participaciones en las actividades del aula. Y otras veces, sin darnos cuenta, intentamos modificar malas conductas regañándoles por éstas y se nos olvida premiar sus intentos por mejorarlas o adquirir los hábitos que queremos pretendemos.

Me gusta especialmente una columna que aparece en el artículo con el nombre: CARTA DE UN HIJO A TODOS LOS PADRES. Dice lo siguiente (lo copio porque no se puede perder si el artículo desaparece de la web):
  • No me des todo lo que te pido.
  • No me grites. Te respeto menos y me enseñas a gritar a mí también.
  • No me des siempre órdenes. Si a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.
  • Cumple las promesas buenas y malas.
  • No me compares con nadie.
  • No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decide y mantén esa decisión.
  • Déjame valerme por mí mismo. Si haces todo por mí, yo nunca aprenderé.
  • Cuando haga algo malo, no me exijas que te diga el por qué. A vces ni yo mismo lo sé.
  • Cuando estés equivocado, admítelo. Crecerá la buena opinión que tengo de tí y me enseñarás a admitir mis equivocaciones.
  • Cuando te cuente un problema mío no me digas "no tengo tiempo para bobadas", o "eso no tiene importancia". Trata de comprenderme y ayudarme.
  • Y quiéreme. Y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas que es necesario decírmelo.


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