martes, 13 de diciembre de 2016

El número 1

Cuando nuestros alumnos llegan al cole saben ya cosas sobre los números. Hay niños que en la escuela infantil han "aprendido el 1, el 2 y el 3". Otros encuentran números por la clase y en distintos entornos, aunque no sepan cuáles son. Algunos saben para qué sirven los números dentro de algún contexto muy familiar para ellos. Hay también niños que cuentan pero qué no saben qué son esas palabras que dicen. Y otros reconocen el número al que dan en el ascensor o el que pone en su portal.

Lo que todos tienen en común es que los números están en su vida, y casi siempre, sin orden. Y así, como surgen y teniendo en cuenta todo ese bagaje que traen de su casa, vamos encontrando números en nuestra clase y en nuestra vida en ella. Los usamos, vivimos sus funciones cada día. Y si somos 24 en clase, nos contamos, aunque ese número sea difícil o sólo algunos niños sepan recitar la secuencia y otros la digan desordenadísima. 

Si usamos libros de texto, nos encontramos que en 3 años debemos trabajar el 1, el 2 y el 3, un número por trimestre. Y para justificar este orden y esta delimitación algo arbitraria, me convenzo de que es necesario un orden para aprender de forma más sistemática a trazar los números. Eso sí, siempre después de haberlos usado, sólos o con todos los demás números que necesitamos para organizar nuestro día a día en el aula. (Ya hablé algo de esto en la entrada Números cardinales: ¿Cuántos tejados necesito?).

Pero a veces comenzar en 3 años con ese tipo de actividades, en las que el número se haga necesario para ganar un juego, no es fácil. En el primer trimestre ya tenemos que practicar la grafía del 1 pero los alumnos tienen poquita autonomía para seguir consignas complejas. Así que en esta entrada voy a compartir algunas cositas que he hecho yo de forma planificada durante los meses de octubre y noviembre para trabajar el 1, uso, cantidad y grafía.

En cuanto a la cantidad y el uso, hemos realizado peticiones muy sencillas con los dedos. Durante este curso quiero trabajar mucho la representación de los números con los dedos así que hemos comenzado desde el principio con ello. als actividades que hemos realizado de forma específica para representar el 1 con los dedos y asociarlo a su cantidad son:

1. Llenar las perchas
Cada niño recibe perchas y debe pedir con los dedos las prendas de ropa necesarias para llenarlas y que haya una prenda de ropa en cada percha. Cuando jugamos a este juego y el siguiente los llamamos "juegos de muditos" ya que en ellos está prohibido hablar y sólo podemos usar los dedos para pedir lo que necesitemos. Durante este trimestre hemos jugado con una y dos perchas y lo hemos hecho en la asamblea. Recibían sus perchas (dibujadas a mano en un trocito de papel) y venían a mi tienda a comprar la ropa (pegatinas de ropa sobrantes de otras actividades). No tengo fotos porque con atender la tienda tenía bastante, jeje.

2. Cestas y castañas:
Esta actividad la realizamos en el rincón de lectoescritura. Cada niño recibía una ficha con 6 cestas y tenía que pedirme con los dedos las castañas (gomets circulares rojos) necesarias para que en cada cesta hubiese una castaña. La ficha es la que véis en las imágenes (podéis descargarla pinchando aquí o en las fotos), que yo la aproveché de otra actividad, pero que si la hacéis nueva yo os recomiendo que coloquéis hasta 5 cestas.

https://drive.google.com/file/d/0B2KNowNDUsordWxoTlAwSWF5Mlk/view?usp=sharing

Hubo niños que las pidieron de una en una; otros que agruparon y pidieron en grupos de 2 y 3 castañas; y algunos niños pusieron 5 y 6 con los dedos. Todos los alumnos menos 2 ó 3 pegaron bien los gomets y consiguieron meter una castaña en cada cesta.
https://drive.google.com/file/d/0B2KNowNDUsordWxoTlAwSWF5Mlk/view?usp=sharing

https://drive.google.com/file/d/0B2KNowNDUsordWxoTlAwSWF5Mlk/view?usp=sharing

3. Mochilas de Dora:
Hace unos años hice estos mantelitos y en ellos deben colocar en las mochilas tantos objetos como nos indiquen.



4. Ositos escondidos:
Este juego lo descubrí gracias a dos entradas del blog Tresquatreicinc (que os recomiendo muchísimo): El bote de contar y Contar con las orejas Yo he hecho una adaptación a mis alumnos de 3 años y a este momento del curso. Jugamos en la asamblea y pongo delante de ellos 5 ositos y el bote abierto. Meto delante de ellos un osito, ninguno o todos y agito el bote. Me tienen que decir cuántos hay dentro. Después de jugar varias veces metía también 2 o 3 ositos para ver el nivel de conteo del grupo y saber qué niños eran capaces de contar mientras metía los ositos. Cuando los sacamos siempre los contamos entre todos. En el segundo trimestre lo iremos completando más. Os lo recomiendo porque les encanta.


5. El restaurante con 1 comensal:
Este juego ya os lo conté en la entrada El 2: ponemos la mesa. Este trimestre hemos jugado de momento sólo con un comensal.

Y en cuanto a la grafía, hemos practicado el trazo del 1 justificando que a lo mejor algún día lo necesitábamos escribir si jugábamos a "los muditos". Así que hemos realizado el trazo del 1...

1. En cristal, con mis lápices Woody de Stabilo, de los que os hablé en esta entrada
2. En la pizarra, tanto en la de siempre, dándoselo yo escrito y borrándolo ellos con el dedo húmedo; como en la pizarra blanca escribiéndolo ellos con rotuladores.
3. En el suelo realizando series con patrón castaña-piñón, hoja-piña, etc.


 4. Con gomets.
 5. Con plastilina sobre la mesa (se lo escribía yo previamente en tiza o libremente) y en cartón.

6. Con pinchitos colocando la plantilla debajo de la tablilla (tengo plantillas de números y del abecedario) y de vez en cuando se las dejo cuando usamos este material.


7. Con trocitos de hojas secas. ¡¡Les encantó!!


8. Con coches sobre carreteras formando el 1.
9. Con nuestro cuerpo, cubriendo un 1 gigante trazado en el suelo o andando sobre él.

¡Esto es todo de momento! Son cosas muy sencillitas que seguro que ya hacéis y conocéis.Y si no, espero que os sirvan.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Puedo separarme de mi hijo pero no quiero


Ya sé que Fulanit@ se fue a la boda de sus amigos y dejó a su bebe de 3 meses (o incluso de 1!) con sus abuelos. Ya sé qué Menganit@ sigue viajando por el mundo con sus bebé en la espalda. Ya sé que Juanit@ queda los viernes con sus amigos/as aunque tiene un bebé. Ya sé que hay padres y madres que van a los cumpleaños de sus amigos incluso llevándose a su hijo. Ya sé que otros celebran sus aniversarios yéndose el fin de semana fuera y tienen hijos. Ya sé que puedo dejar a mi hijo siempre que quiera con sus abuelos o tíos. Ya sé que no pasa nada si le llevo a una celebración a las 8 de la tarde y se duerme en el carro. Ya sé que Paquit@ sigue trabajando en nosedonde y publicando libros y ha tenido un hijo hace poco. Ya sé que no hay por qué renunciar a todo por tener un hijo. Ya lo sé. Pero no quiero. No quiero adaptar a mi hijo a mis planes. Quiero adaptarme yo a los suyos (mientras me deje). Simplemente porque me gusta. Me encanta estar con él. Me gusta más que cualquiera de las alternativas o planes anteriores.

Y, aunque no haría falta justificarse, a veces tengo que hacerlo. Menos mal que sé que los bebés necesitan estar con sus padres. Sé que durante muchos años los niños sólo aprenden cosas jugando a cosas en 3D real y no virtual. Sé que no es tan importante lo que hacen mientras van al 35 cumpleaños de nuestro amigo como lo que no hacen en ese momento. Sé que el parque es mejor que cualquier teatro, extraescolar o actividad “cool” que nos ofertan desde que un niño nace. Sé que tengo alumnos que con 3 años no saben cómo jugar con la cocinita o los bebés o se aburren a los 2 minutos de darles unos cuantos vehículos y una alfombra con carreteras. Sé que sus mejores estímulos son su casa, nuestra voz y objetos cotidianos. Sé que aunque todas las tardes de la semana hagamos casi lo mismo y juguemos en casa o en el parque, ese juego nunca es igual. Sé que si mi hijo “no para” con 2 años tengo suerte porque está desarrollando su cerebro y todo lo que conlleva, aunque no esté sentado en un restaurante mientras yo como con mis amigos. Sé que es fundamental su rutina. Sé que pasados los 3 años lo que quiere es “hablar” con niños y no con adultos, aunque se ría con ellos (qué estará pensando?) ... 

Y lo que verdaderamente sé es que no quiero perderme ni un minuto de mi hijo porque en ese minuto ha aprendido una cosa nueva y quiero enterarme. Y si estoy fuera, si no estoy junto a él,  si no le estoy mirando, si estoy luchando por atender a la conversación de mis amigos, no puedo. 

Y aun no queriendo, el día a día hace que inevitablemente nos perdamos infinidad de minutos mientras trabajamos, cocinamos, limpiamos, recogemos, vamos al médico, hablamos por teléfono con el técnico del frigorífico, o con nuestra pareja al llegar a casa. 
 
Aun así ha habido veces, muy pocas, que me ha apetecido salir a cenar con mi marido, irme al cine, ver a alguna amiga, ir a una boda sin él, salir de compras o irme a dar un masaje. Y también ha habido veces en las que me lo he llevado con mis amigos aun sabiendo que yo no iba a disfrutar ni del niño ni de los adultos. Y otras veces lo he hecho por una extraña convención social por la que últimamente se ve mal que quieras ser la típica madre que se pasa tan feliz las tardes en el parque viendo como su hijo se columpia o se tira por el tobogán. Y si se puede, hablando mientras con alguien, que ni tiene por qué ser tu amiga. Pero sólo si se puede. Y si llueve, pintando en casa o jugando a lo que él quiera. 


Sí, a lo que él quiera. Jugar a lo que él quiera o adaptarnos a sus planes no es maleducarlo ni consentirlo. Porque mientras hacemos esos planes, de niños, no de adultos en los que se pueden llevar niños, él aprende lo que tiene que aprender en esos momentos y se educa en lo que se tiene que educar en esos momentos (dos listas bastante largas). Y sí, claro que tiene que aprender a respetar los gustos y planes de sus padres. El día a día presenta muchísimos momentos en los que no le va a quedar otro remedio. Y si no, no hay problema, con 17 años (por tirar por lo alto) será absolutamente respetuoso con los planes de su padre y míos y no querrá que juguemos a lo que él quiera.


Somos una generación que ha podido hacer muchas cosas antes de tener hijos: cumpleaños, viajes, salir bastante, hobbies, mejoras profesionales… A veces me parece que el problema es que renunciar a todo esto cuesta y es mucho más fácil meter a tu hijo ahí que salir tú de tu zona de confort para pasar a la de un niño.

No me preocupa hacerlo porque el 99,9 % de las madres con las que me he cruzado desde que soy madre y que tienen hijos ya mayores, han coincidido sólo en  una cosa: disfruta de tu hijo porque crecen muy rápido. Te lo dice hasta la vecina que no te conoce de nada. También te dice alguna barbaridad o se mete donde no la llaman. Pero en que disfrutes de los niños mientras se dejen, es en el único consejo gratuito en el que coinciden todas. Y justo hace una semana me decía una compañera del trabajo: “Dentro de nada te sentarás en el sofá con tu marido y os diréis “Ya estamos solos los dos otra vez”. Dicen que la vida, y los hijos, vuelan.