domingo, 25 de septiembre de 2016

La ola, de Suzy Lee

http://www.casadellibro.com/afiliados/homeAfiliado?ca=21002&idproducto=1225742En esta entrada os voy a recomendar un cuento que me parece una auténtica maravilla. No tanto porque a mi me guste (que me encanta) sino sobre todo por el impacto que genera en los niños que lo ven. Y digo lo ven porque no tiene texto. Hay veces que paso las hojas y simplemente disfruto de las caritas que ponen los mis alumnos a medida que avanza la historia.

Se llama La ola. La ilustradora es Suzy Lee y está editado por Bárbara Fiore Editora. Lo había visto varias veces en librerías pero no me atreví a comprarlo hasta este verano. Hace un año descubrí el blog Reality Bits y poco después lo encontré recomendado en la entrada "Mi particular selección de cuentos"

Creo que tenemos el deber de presentar a nuestros alumnos una buena selección literaria, por supuesto en cuanto a texto pero diría que casí más aún, en cuanto a ilustración.  Están continuamente percibiendo imágenes de colores chillones, estridentes, que pasan a mucha velocidad por los móviles y tablets de sus padres, dibujos estereotipados que presentan casitas con tejados de pico, imágenes de animales con ropa y caras "humanas"... Vamos a parales, sentarles y simplemente pasar hojas a su velocidad, a la que necesitan para VER. Para ver imágenes bonitas, que inviten a ser disfrutadas, que dejen al niño construir la historia que cuentan.

La ola está ilustrado en sólo dos colores. El formato es apaisado y las ilustraciones ocupan la doble página pero empleando la línea de la encuadernación como parte del dibujo y de la historia. En el comienzo, la acción tiene mucho peso en el lado izquierdo, que contiene los motivos dibujados a lápiz con bastante definición.


Cuando la niña se atreve a bañarse "pasa" al lado derecho del libro y la ilustración cobra intensidad en este lado, presentando más fuerza en los trazos, enfatizando que hemos llegado al punto álgido de la historia. En el lado izquierdo se desdibujan los trazos.


Y llega "la ola" y la imagen, más detallada ahora, huye hcia el lado izquierdo.



Y justo en el momento de mayor tensión para los lectores, el agua inunda las dos páginas para dejar después a la niña empapada de nuevo en el lado izquierdo.


El agua pierde ahora algo de protagonismo pasando el azul a un cielo antes sin color y llevar toda la atención a los movimientos de la protagonista.


Y así van cogiendo fuerza de nuevo los tarzos del lado izquierdo hasta terminar en una panorámica de la playa que pone fin a la historia.


Se lo conté a mi hijo varias veces antes, durante y después de ir a la playa y le encantó. Las primeras veces no le decía casi nada. Yo pasaba las hojas y algunas veces añadía alguna palabra como "playa", "agua", "ola" o "conchas". En sucesivas "lecturas" era él el que añadía otras que conocía y en otras ocasiones el narraba yo la historia con onomatopeyas marinas y un poquito de vocabulario nuevo.

A mis alumnos de 3 años se lo presenté varias veces durante el periodo de adaptación, cuando aún la playa era una experiencia reciente. Al principio sin decir nada, depués imitando el sonido del viento, el mar y las olas y las últimas veces narrándoles la historia y dejándoles que anticipasen lo que iba a pasar. Era muy curioso como en las primeras "lecturas", en las que sólo veían las ilustraciones, ellos iban haciendo comentarios como "no se atreve a bañarse", "lleva vestido" (claro, les choca que se meta al agua sin bañador),... Como es un libro muy expresivo en cuanto a ilustración, otras veces les hacía yo preguntas del tipo "¿cómo se lo está pasando aquí la niña?, ¿está aburrida?, ¿creéis que aquí tiene miedo?, ¿qué le pasa en este dibujo?..."

Un recurso de éxito a la hora de contar cuentos es el de vincular la lectura con algún objeto real que aparece en la historia y que sale del libro como por arte de magia para que lo podamos tocar. Es una pena pero a veces vamos tan deprisa en las clases que no tengo tiempo para buscar siempre objetos de los cuentos que contamos. Pero en este caso había recogido conchas este verano en la playa. Para los niños, son las conchas que la niña recoge al final del cuento. Fue una sensación increíble cuando estaban boquiabiertos ya llegando al final de la historia y oyeron el sonido de las conchas agitarse en el bote de cristal (es un sonido precioso, por cierto).

Y aproveché para repartirlas e invitar a los niños a agitarlas en sus manitas para escuchar el sonido que hacían. Un niño se la ponía en la oreja para oír el sonido del mar, como si fuese una caracola, y en seguida los que estaban a su lado le imitaron. Todos querían las conchas más grandes y cuando ya estábamos medio grupo y solo podía darles una cocha a cada uno, algunos me pedían dos y otros "muchas". Así que estos momentos me sirvieron también para observar el nivel del grupo en cuanto a uso de conceptos como grande/pequeño, uno/dos, más/menos, etc.

En una lectura posterior, tras repartir las conchas les propuse hacer unos collares preciosos. Dibujé una cuerda grande y otra pequeña en la alfombra y sin decir nada les dejé que uno a uno fuesen dejando su concha en el collar que creían que correspondía. ¡Y nos salió una bonita clasificación por tamaño!


Tengo poquitas fotos porque os podéis imaginar que en el periodo de adaptación de 3 años no me queda mucho tiempo para usar la cámara. Aún así os recomiendo que incorporéis La ola a la biblioteca, lo contéis y os dejéis llevar por lo que pase en vuestras clases.

jueves, 15 de septiembre de 2016

¡¡Me encanta colorear!! Algunos materiales para Educación Infantil y Primaria

Es verdad, me encanta colorear. A mis alumnos les hace mucha gracia cuando se lo digo y en 5 años me lo preguntan de vez en cuando, como si necesitasen asegurarse que es cierto. Les debe parecer increíble que a su profesora le guste tanto algo que ellos tienen que hacer una y otra vez en sus fichas. A veces me piden que coloree dibujitos porque les parece algo mágico. Para mi es muy placentero y relajante y creo que estéticamente es adecuado que un trabajo quede bien coloreado, así que suelo dar importancia a que mis alumnos lo hagan lo mejor posible.

Ahora se han puesto muy de moda los libros para colorear para adultos e incluso unas super láminas, casi como manteles, para colorearlas en grupo. ¡Me encantan! Por las redes sociales ya os conté que me regalaron uno de estos libritos y he disfrutado con él algún ratito del verano.

Así que en esta entrada os voy a recomendar instrumentos para colorear que he probado y me encantan. Algunos son para niños mayores (y sus maestras, jeje) y otros son más adecuados para alumnos de Educación Infantil. Todos son de la marca Stabilo, que para mi es de las mejores, sobre todo porque a los lápices de colores no se les rompe casi nunca la punta y eso es la mejor caracteristica que para mi debe tener este material. 

¡Vamos allá! Para niños de primaria y amantes del dibujo:

1. Lápices COLOR. Son los típicos lápices hexagonales finos para colorear dibujos pequeñitos con precisión. Yo tenía de pequeña la caja de 36 pero los colores que vienen en la de 12 son maravillosos. Y lo mejor, después de haberlos usado muchos años, puedo decir que no se les parte la punta casi nunca (yo creo que nunca, pero por si acaso...)


2. Lápices TRÍO. Son también finos y los colores son parecidos a los anteriores pero en este caso la sección es triangular lo que favorece que los niños los cojan  correctamente.


3. Rotuladores TRÍO A-Z. Pintan taaan bien que no puedes parar de colorear sin más. Lo que más me gusta es que en superficies grandes apenas se notan los trazos y esto es ideal para las maestras, que a veces tenemos que colorear cosas grandes para el aula y da mucha rabia que no quede el color uniforme. La selección de colores es genial y en la caja de 12 incluyen un rosa y amarillo fluorescente y ¡color carne! Que rabia me daba cuando era pequeña que con rotuladores solo se pudieran pintar caras rosas o naranjas...



Por cierto, la sección es circular excepto en la zona de agarre, que es triangular.

Y para nuestros alumnos de Educación Infantil...

1. Lápices EASYCOLOR. A mi personalmente con los alumnos de 3 años no me gusta usar lápices de colores porque aún no suelen tener mucha fuerza en los dedos y les cuesta que salgan colores vivos. Y a veces, por intentarlo, cogen mal los útiles de escritura así que prefiero tabajar primero la fuerza en "la pinza digital". Cuando creamos oportuno comenzar, estos lápices son ideales porque apretando poquito sale el color bastante bien y tienen hendiduras antideslizantes, que facilita que lo cojan mejor y no se cansen tanto. Son gorditos pero con el sacapuntas grueso estándar de Stabilo se les saca punta fenomenal (de todas formas, en la caja de 12 viene incluído)


2.Lápices TRIO GRUESO. Estos son los que a mi me gusta comprar para mis alumnos de 5 años ya que les ayudan a colorear con precisión pero siguen siendo gordos y triangulares, lo que facilita que los cojan bien. ¡¡Y los colores es que son taaan bonitos!!  A mi me gusta mucho que cubren fácilmente las superficies y quedan genial los dibujos tanto apretando, que obtenemos el color más vivo, como pasando el lápiz suavemente. En 5 años ya podemos enseñar a los niños a crear estos matices y que enriquezcan muchísimo las tonalidades de sus dibujos.


Para llevar en el bolso y que nuestros hijos (o nosotros) podamos colorear en cualquier sitio, existen los  TRIO GRUESO CORTO, que son iguales pero más cortitos.


Yo los he usado varios años en el cole y como ya os he dicho, lo mejor es que la punta se parte poquísimo. A estos un poco más porque los niños a veces aprietan demasiado y si sacan ellos punta no meten el pápiz totalmente recto en el sacapuntas. Es cierto que son un poco más caros que los de otras marcas pero en mi opinión merece la pena porque duran mucho más que otros que cada vez que vas a sacar punta se te parte 3 veces y en una semana "te los has comido".


3. Rotuladores TRIO SCRIBBI. Son perfectos para los niños de 3 años porque son triangulares y muy gordos y lo mejor es que la punta es de acero y no se aplasta cuando dan golpes para pintar haciendo puntitos. Como este año empiezo con alumnos de esta edad, haré algún trabajo con ellos y ya os enseñaré las fotos. De momento os dejo una mía.


4. Rotuladores POWER. ¡¡Pintan genial!! Y los colores son preciosos. La sección es circular y no muy gruesa pero la punta si es gorda así que son perfectos para niños de 4 a 6 años. Lo que más me gusta es que en superficies grandes no se notan nada los trazos, lo cual con los rotuladores a veces es complicado.


5. ¡¡Y la joya de la corona!! Lápices WOODY. Son súper gordos, de madera y con una punta muy gordita. Estos sí son adecuados a partir de 3 años porque pintan con colores vivos apretando muy poquito ¡e incluso sobre cartulinas de colores oscuros!. Pero lo mejor es que son acuarelables (se convierten en acuarela al pasar después un pincel con agua) y ¡¡pintan sobre cristal!!.


Como estamos en pleno periodo de adaptación sólo los he usado yo para pintar la puerta de la clase. El dibujo no es muy original ¡¡pero a mi me encanta!!. Y lo mejor es que se quita con un paño húmedo. Así que estoy deseando que sean los propios dibujos de los niños los que les den al bienvenida a su clase.


Estos lápices sí necesitan un sacapuntas especial que viene en la caja. Una vez que mis alumnos se adapten a su nueva clase, haré algún trabajo con ellos y ya os lo enseñaré.








6. Y por último, aunque no es para colorear propiamente, en mi cole usamos mucho los lápices EASY GRAPH con hendiuras de madera para facilitar el agarre correcto. Los hay finitos y más gruesos para empezar en Infantil.


Pues nada, esta es mi selección de material para colorear y ya tengo ganas de que mis alumnos empiecen a disfrutar alguna de estas cositas. Por cierto, las plantillas para hacer los menús de mi casa son de una ilustradora que se llama Almu Ruiz, que me encanta. Podéis ver su web y descargar las plantillas aquí.


miércoles, 7 de septiembre de 2016

¡Vamos al cine!: me sobran, me faltan, uno más, uno menos, tantos como

Me encanta fomentar que los niños traigan a la clase cuentos de su casa. A ellos les gusta mucho que esas historias que les leen mamá y papá, se las cuente su maestra y las escuchen también sus compañeros del cole. Favorecemos el gusto por la lectura y nos aproximamos a la literatura infantil. Pero entre álbumes ilustrados maravillosos, cuentos que son un descubrimiento también para mí y los típicos libritos que intentan enseñar colores, números o formas; entran en la clase con frecuencia adaptaciones al papel de la película o serie infantil de moda. Aunque yo tengo mis preferencias literarias, no está mal que traigan de todo pues para aprender a ser críticos hay que conocer cosas que nos gustan más y menos y de mayor o menor calidad. Y si queremos fomentar el gusto por la lectura, es bueno dar importancia a todos los tipos de texto y formatos literarios. 

El problema es que a veces este tipo de libros (que en realidad son como capítulos de la serie o resúmenes de la película) no son muy adecuados para contarse en clase a niños de 3 a 6 años por ser demasiado largos, densos o no tener un hilo argumental claro, sobre todo si no se conocen la película o los personajes. Así que para no rechazarlos directamente ni tampoco dedicar mucho tiempo a leerlos y que los niños se aburran, les explico que como no son cuentos verdaderos sino que son de una película, vamos a jugar a que vamos al cine.

Les digo que saquen unas monedas imaginarias del bolsillo para pagar la entrada, bajo la luz, tarareo una melodía como de comienzo de película y empiezo a pasar las páginas del libro lentamente mientras los niños las miran en silencio como si estuviesen de verdad en el cine. Y cuando acabamos, suelen aplaudir y aumentamos la luz de nuevo. 

Les encanta alternar cuentos contados con "ir al cine" así que el curso pasado hice una adaptación de esta actividad para trabajar en contexto con mis alumnos de 5 años los conceptos sobran/faltan (que les cuestan bastante) y uno más/uno menos/tantos como. Fue previa a la de la tienda que os conté en la entrada  Economía de fichas: la tienda.

http://www.aprendiendoeninfantil.com/2016/06/economia-de-fichas-la-tienda.html

Una mañana hice un cartel de nuestro cine con los precios y lo colgué en la zona de la asamblea antes de que entrasen. En seguida algunos niños se dieron cuenta de la novedad así que les pedí que leyesen lo que ponía y les expliqué el juego. En las primera sesión repartí a cada niño un número distinto de monedas de 1 euro que tengo plastificadas para usar en diferentes juegos. El reparto lo hice de tal manera que a algunos niños les fuesen a faltar monedas, a otros les sobrasen y una minoría tuviese el dinero justo.


Abrí el cine, me coloqué en la taquilla con el cuento-película y les dije que quien quisiese ir al cine ya podía venir a comprar la entrada y, si quería, también palomitas. Según venían les preguntaba la edad y si querían palomitas. Intentaba que calculasen ellos el total pero a veces se agobiaban con la emoción y no eran capaces. En esos casos se lo decía yo y les pedía las monedas. Ahí se daban cuenta de si les sobraba algo o no. En las primeras sesiones lo verbalizaba yo: "Te sobran 2" o "Anda, tenías justo el dinero que necesitabas". Los que no tenían bastante no solíán decirlo ellos sino que se quedaban mirando sus manos como pensando "¿y ahora qué pasa?" Entonces les preguntaba si les faltaban monedas e intentábamos averiguar juntos cuántas. Una vez que lo sabía, el propio niño se las pedía a algún alumno de los que ya habían pagado y tenía monedas de sobra.

Como esto se alarga bastante, en la primera sesión vinieron sólo algunos niños voluntariamente. Cuando ya decayó la atención, "empezó la película" (que dejé que vieran todos pero que tendrían que pagar después) y con los que quedaban jugamos en otra sesión.

Jugamos varios días porque les gustaba mucho pero en las siguientes sesiones debían calcular ellos el pecio total y decirme las monedas que les sobraban o faltaban.

Y después, para trabajar los conceptos uno más/uno menos/tantos como, lo que hice fue colocar las monedas en el centro de la alfombra e ir pidiendo a los niños que saliesen a coger ellos monedas según la consigna que les decía. Por ejemplo, comenzaba yo cogiendo 4 monedas. A continuación pedía al niño de mi derecha que cogiese una moneda más que las que tenía yo, luego al niño siguiente que cogiese tantas como tenía su compañero, al siguiente que cogiese una menos que las que tenía yo, etc. Y una vez que teníamos todos el dinero, podían venir ya al cine a comprar entradas y palomitas. Como el proceso es largo, jugábamos en ratitos durante varios días, cogiedo cada día monedas y comprando sólo algunos niños.


Una vez que les vi familiarizados con el juego, dejé también monedas de 2 euros pero creo que no pude dedicar el tiempo necesario a que entendiesen la equivalencia porque les resultó complicado usarlas.


Aún así es un juego sencillísimo que les encanta y que se puede adaptar fácilmente a 3 años (con monedas imaginarias), a 4 años (con cantidades pequeñas y poniendo en juego menos conceptos) y a diferentes contenidos y grados de dificultad en 5 años.